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El crecimiento del 4,5 % de China es un espejismo exportador con

El PIB del tercer trimestre de China superó las expectativas, pero el crecimiento proviene casi en su totalidad de las exportaciones impulsadas por la inteligencia artificial y la demanda de semiconductores. El consumo interno y el sector inmobiliario siguen débiles, una estructura con implicaciones desproporcionadas para el comercio mundial.

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China Superó su Meta de Crecimiento. La Buena Noticia Termina Ahí.

La economía de China se expandió 4,5 por ciento en el tercer trimestre, según las cifras publicadas este lunes por la Oficina Nacional de Estadísticas. Era el ritmo que Beijing deseaba, por encima del 4,3 por ciento registrado en el segundo trimestre y por delante de la mayoría de las previsiones de los analistas al inicio del periodo. En términos acumulados desde enero, el PIB creció 4,6 por ciento durante los primeros nueve meses.

El titular es aceptable. La anatomía debajo, no.

China no está creciendo porque sus consumidores estén comprando. No está creciendo porque su mercado inmobiliario se haya recuperado. Está creciendo porque las fábricas en el exterior están haciendo pedidos más grandes de chips fabricados en China, hardware de servidores y los componentes complementarios de un auge de la inteligencia artificial que se desarrolla simultáneamente en Estados Unidos, Europa y gran parte de Asia. En los primeros tres trimestres del año, las exportaciones chinas se dispararon más de 16 por ciento para alcanzar los 23,19 mil millones de yuanes (3.470 millones de dólares), con semiconductores y otras mercancías tecnológicas做iendo el trabajo pesado.

Esa es una historia de crecimiento que vale la pena entender —y que merece preocupación, no solo para Beijing sino para cada socio comercial que pronto sentirá las consecuencias.

Los Números Cuentan Dos Historias Diferentes

Las ventas minoristas en septiembre subieron apenas 1,1 por ciento interanual. Para el periodo de nueve meses, el aumento fue del 2,6 por ciento. Esas no son cifras catastróficas, pero son los números que ves cuando los hogares son cautelosos, los salarios están estancados y el choque psicológico de la caída de los valores inmobiliarios aún no ha pasado.

La producción industrial pinta un cuadro más nítido. La producción manufacturera y minera subió 5,5 por ciento en septiembre, llevando el ritmo acumulado de nueve meses al 5,3 por ciento. Eso es sólido según casi cualquier estándar, y casi con seguridad está siendo alimentado, al menos en parte, por el motor de las exportaciones en lugar de solo por los pedidos domésticos.

La inversión en activos fijos —la categoría amplia que incluye gasto en fábricas, maquinaria y desarrollo inmobiliario— apenas aumentó 0,7 por ciento en septiembre y se contrajo 7,2 por ciento en el período de enero a septiembre. Esa contracción es el síntoma visible más claro de un sector inmobiliario que no se ha estabilizado y un clima de inversión empresarial que permanece condicionado a la demanda externa.

Zhiguo He, profesor de finanzas en la Graduate School of Business de Stanford especializado en la economía china, lo expresó con claridad ante Al Jazeera: “Espero que Beijing esté obteniendo el 4,5 por ciento que quería. Una desaceleración lenta gestionada es lo mejor que Beijing puede esperar”. Añadió que el sector inmobiliario sigue encogiéndose, describiéndolo como algo que Beijing deseaba y como evidencia de que los hogares chinos están adaptando sus expectativas a una realidad de menor crecimiento.

En otras palabras, el gobierno alcanzó su número. Pero el crecimiento vino de una sola pierna, y la otra pierna aún se está recuperando.

Por Qué el Motor de las Exportaciones Parece un Boom —y una Trampa

El auge de las exportaciones de IA no es una hipótesis ni una proyección. Está ocurriendo ahora, y está distorsionando el panorama. China ha pasado años construyendo capacidad manufacturera avanzada en semiconductores, electrónica y cadenas de suministro de vehículos eléctricos. Parte de esa capacidad fue diseñada para despliegue doméstico. Gran parte de ella ahora se está vendiendo en otros lugares porque el mercado interno no puede absorberla lo suficientemente rápido.

Esto crea un desequilibrio estructural que es familiar en la historia económica pero trascendental en escala. Cuando el crecimiento de una economía importante está desproporcionadamente anclado a las exportaciones de bienes de capital —chips, maquinaria, componentes— en lugar de al gasto final de los consumidores, tienden a seguirse dos cosas.

Primero, otros países sienten el volumen antes de sentir la estrategia. Las baratas y abundantes exportaciones tecnológicas chinas inundan mercados en el sudeste asiático, Oriente Medio, América Latina y cada vez más Europa. Los fabricantes locales compiten contra firmas que se beneficiaron de años de sobre capacidad respaldada por el Estado. Los importadores se benefician a corto plazo con menores costos; los competidores, no.

Segundo, los gobiernos responden. La Unión Europea ya ha abierto investigaciones antidumping contra los vehículos eléctricos chinos y avanza hacia reglas más estrictas sobre adquisiciones de infraestructura digital. Estados Unidos ha mantenido y ampliado los controles de exportación sobre semiconductores avanzados y equipamiento. Otras economías que carecen de herramientas de política tan sofisticadas aún están decidiendo cómo reaccionar. Hacia finales de 2026, el debate no será si las exportaciones tecnológicas chinas son un problema —sino cómo diferentes países eligen manejar la exposición.

Quiénes Ganan, Quiénes Pierden y Qué Viene Después

Los ganadores en esta configuración son claros. Las empresas chinas con líneas de producción listas para exportar en semiconductores, baterías y hardware vinculado a la IA están capturando cuota de mercado en economías que están desesperadas por desarrollar su propia infraestructura digital. Los prestamistas respaldados por el gobierno y los bancos de política están reciclando el excedente de capacidad industrial en proyectos en el extranjero. Beijing logra anunciar que cumplió la meta de crecimiento sin tener que forzar un renacimiento del consumo que aún no sabe cómo impulsar.

Los perdedores son más difíciles de ver de inmediato pero más importantes a mediano plazo. Los hogares chinos son el grupo principal. Cuando el crecimiento del consumo se estanca alrededor del 2,6 por ciento durante nueve meses, no es un小事 ocasional —es una señal de que el sector de los hogares no ha recuperado la confianza. Los salarios reales no se están acelerando. El empleo en sectores tradicionales sigue siendo irregular. Hasta que el consumo crezca más rápido que las exportaciones, la participación de los hogares en el PIB continúa comprimiéndose, lo que hace a la economía más frágil, no menos.

Los competidores extranjeros son el segundo grupo. Los países que importan infraestructura de IA china y semiconductores enfrentan un dilema conocido: insumos más baratos impulsan la productividad hoy, pero la industria doméstica tiene dificultades para competir mañana. Los responsables de política en la UE, India, Brasil y otros lugares tendrán que elegir entre aceptar ganancias de eficiencia a corto plazo e invertir en resiliencia industrial a más largo plazo.

Qué pasa después depende de tres variables.

La primera es si el crecimiento de las exportaciones puede sostenerse sin desencadenar restricciones comerciales más fuertes. Si Washington, Bruselas y otras capitales pasan de investigaciones a aranceles o prohibiciones de contratación, es improbable que el aumento del 16 por ciento en las exportaciones continúe al mismo ritmo.

La segunda es si Beijing cambia de política hacia el consumo doméstico. La ruta actual —dejar que el inmobiliario se contraiga, gestionar el crecimiento a través de las exportaciones y la inversión dirigida por el Estado— es políticamente estable pero económicamente estrecha. Un reequilibrio significativo requeriría ya sea transferencias fiscales a los hogares, crecimiento salarial respaldado por ganancias de productividad, o reformas en la red de seguridad social que fomenten ahorrar menos y gastar más. Ninguna de estas es inminente en su forma actual.

La tercera es cómo se ajustan otras economías asiáticas. Vietnam, Tailandia, Indonesia y otros ya compiten con China en manufactura intensiva en mano de obra y se están convirtiendo en centros de ensamblaje para empresas que diversifican su exposición directa a China. El auge de las exportaciones de IA puede ampliar momentáneamente esa brecha, pero también eleva el riesgo de que los socios regionales enfrenten tanto competencia como dependencia al mismo tiempo.

La Historia Real No Es el 4,5 Por Ciento

Beijing puede reclamar la victoria por cumplir su meta de crecimiento. Las matemáticas respaldan esa afirmación. Pero una economía que crece principalmente sobre la espalda de la capacidad industrial exportada mientras el consumo doméstico se arrastra cerca de la estanación no está experimentando una recuperación en el sentido que la mayoría de la gente usa la palabra. Está experimentando una transición —una que es productiva en el presente e incierta en los años venideros.

El auge de las exportaciones de IA es real. La demanda de semiconductores y productos tecnológicos chinos es real. Las tensiones comerciales que está generando también lo son, y apenas están comenzando a tomar forma.

La cifra de PIB del tercer trimestre de China debe leerse como un retrato de dónde está concentrada la economía ahora mismo, no como prueba de que los desequilibrios estructurales se han resuelto. Los números son mejores de lo que muchos temían. Pero la dirección importa más que el ritmo trimestral.