El discreto poder del yen del BOJ y por qué aterroriza a los exportadores asiáticos
La esperada subida de tipos del 0,25% del Banco de Japón está empujando el dólar-yen hacia 157, marcando un cambio dramático en la dinámica global de divisas. Detrás de los números hay una reestructuración de los flujos comerciales asiáticos que podría redefinir la ventaja competitiva.
El yen se libera
El dólar-yen cotizó cerca de 157,37 en la sesión de la tarde del miércoles después de tocar un mínimo de 156,36. El rebote estuvo impulsado por una sola fuente: los participantes del mercado, armados con lo que Trader’s Web calificó de fuentes confiables, ahora creen que el Banco de Japón (BOJ) aumentará las tasas de interés en 0,25 puntos porcentuales en su reunión de septiembre.
Esto no es un alza convencional de tasas. Es una ruptura.
Durante más de dos décadas, el yen ha sido el vehículo más confiable del mundo para costos de endeudamiento ultrabajos. Las corporaciones japonesas se endeudaban en yen e invertían en el exterior. Los exportadores asiáticos competían bajo un régimen cambiario que abaratava sus productos en todas partes menos en Japón. El BOJ se negó a cambiar de rumbo incluso cuando la Reserva Federal de EE. UU. subió agresivamente, el Banco Central Europeo hizo lo mismo y las presiones sobre la propia moneda china se intensificaron.
Esa era está llegando a su fin. La pregunta ahora es qué la reemplaza.
Una reunión que dijo más de lo que debería haber dicho
La señal no vino de una conferencia de prensa del BOJ ni de un comunicado de política, sino de lo que el secretario del Tesoro de EE. UU. dijo a los reporteros después de reunirse con el ministro de Finanzas japonés Katayama y el gobernador del BOJ, Ueda. Las declaraciones fueron cuidadosas —diplomáticas en la forma en que los funcionarios fiscales de Washington aprenden a serlo al abordar economías aliadas—, pero el significado fue inequívoco.
“Japón y el BOJ tomarían acciones que conduzcan a una apreciación del yen”, dijo el secretario del Tesoro.
En el mundo de la diplomacia de los bancos centrales, eso equivale a un grito. El gobierno de los Estados Unidos, cuyos propios mercados de bonos sentían los temblores (el rendimiento del bund alemán a 10 años había ascendido a 3,253 % para el miércoles), señalaba públicamente su aprobación hacia el fortalecimiento del yen. Esa aprobación tiene peso. Elimina la fricción política de un movimiento que el BOJ había estado debatiendo en silencio durante meses.
Lo que ocurrió después en los mercados confirmó la calibración. El dólar-yen se desplomó a 156,36 con la noticia inicial: los traders calculaban un movimiento del 0,25 %. Luego subió hacia 157, ya que algunos participantes recalibraron ante la posibilidad de un aumento mayor. El VIX subió. El oro se movió. Algo fundamental se estaba revalorizando en tiempo real.
La presión sobre las exportaciones que no estás escuchando
Un yen más fuerte no solo perjudica a las empresas japonesas. Redistribuye la ventaja competitiva en Asia de maneras que la mayoría de la cobertura en inglés pasa por alto por completo.
Considera Corea del Sur. Samsung Electronics, Hyundai Motor, LG Energy Solution: sus márgenes de ganancia ya están siendo comprimidos por un won que se debilita y costos de insumos crecientes. Un yen cerca de 150 le daría a los competidores japoneses una ventaja de precio significativa en terceros mercados: Sureste Asiático, América Latina, incluso partes de Europa donde los fabricantes de automóviles y electrónicos japoneses han ganado participación de mercado en silencio.
China enfrenta un problema distinto. El yuan permanece administrado y depreciándose bajo la presión de la estimulación doméstica. Si el yen se fortalece hacia 145 o 140 en los próximos trimestres, los exportadores chinos no ganan nada de su ventaja cambiaria que las firmas japonesas pierdan de la suya. El efecto neto se desplaza hacia Tokio.
Los fabricantes tailandeses, malayos y vietnamitas exportan hacia las mismas cadenas de valor globales que los proveedores japoneses. Un yen más fuerte encarece los insumos japoneses para esas plantas de ensamblaje. Eso es mala noticia para las cadenas de suministro regionales que se beneficiaron de la debilidad del yen como ancla de costos durante medio decenio.
Quiénes ganan, quiénes pierden
Los ganadores son claros. Los bancos japoneses que se han mantenido con margenes netos de interés deprimidos durante años finalmente ven un camino hacia la rentabilidad. Las aseguradoras de vida que sostienen enormes carteras de bonos domésticos se benefician de rendimientos crecientes que reducen sus requisitos de reservas. La clase de activos denominados en yen —considerada tóxica en algún momento— se vuelve atractiva para inversores globales que ya no la venderán en corto sistemáticamente cada vez que haya un día de aversión al riesgo.
Los perdedores también son claros. Los fabricantes de automóviles japoneses que enfrentan compresión de márgenes en las exportaciones. Las firmas de electrónica cuyos ingresos en el exterior se convierten en menos yenes. Los consumidores a quienes les dijeron que la deflación era una virtud ahora se enfrentan a la incomoda realidad de que sus salarios se estancaron precisamente porque el BOJ impidió que crecieran.
Pero la historia más amplia importa más que cualquier sector individual. Por primera vez desde principios de los años 2000, un banco central importante de una economía avanzada está eligiendo el control de la inflación sobre la competitividad exportadora. Esa es una inversión filosófica con consecuencias institucionales. Otros bancos centrales asiáticos —el Banco Popular de China, la Autoridad Monetaria de Singapur, tal vez incluso el Banco de Reserva de la India— prestarán mucha atención. Si el BOJ puede subir tasas sin desencadenar una crisis, el modelo para gestionar la divergencia monetaria de la región cambia por completo.
Qué sucede después
La reunión de septiembre no es una certeza. Los mercados la precifican con una probabilidad de aproximadamente 70 %, según las fuentes citadas. Pero incluso un movimiento menor al esperado —0,1 % en lugar de 0,25 %— resetearía toda la curva. Los traders ya se están posicionando para la posibilidad de un segundo aumento para fin de año.
El dólar-yen podría subir hacia 159 o más antes de la reunión, dado que los comentarios del secretario del Tesoro de EE. UU. y el repunte del VIX sugieren que el movimiento actual aún no ha terminado. Un rompimiento por encima de 160 señalaría que los mercados creen que el endurecimiento del BOJ es irreversible. Un fracaso por mantenerse por encima de 155 sugeriría escepticismo sobre si el banco central realmente sigue adelante con ello.
El rango entre 155 y 160 es donde se decidirá los próximos tres meses. Y esa decisión se propaga mucho más allá de los escritorios de divisas.
El experimento de Japón con un宽松 monetario indefinido ha terminado. El resto de Asia ahora se ve forzado a ajustarse.