El complot del co-piloto de Flydubai expone lagunas en seguridad aérea
El fallido intento de secuestro a bordo de Flydubai revela grietas en la selección de pilotos y en el intercambio de inteligencia entre fronteras. La respuesta podría redefinir la seguridad en las cabinas de todo el mundo.
El ataque que casi ocurre
Un copiloto armado con un simple hacha de emergencia estuvo a punto de convertirse en el piloto de un segundo 11 de septiembre el 11 de junio. El hombre, identificado en los informes como Hamam al-Hammami, nacional omaní, atacó al capitán Smit Machchhar a bordo del vuelo FZ1073 de Flydubai, con ruta de Dubái a Tel Aviv. Los pasajeros y otro miembro de la tripulación lo dominaron. El avión fue desviado a Arabia Saudita, donde aterrizó sanamente con 180 personas a bordo.
Lo que hace digno de examen este incidente no es solo la violencia en sí, sino lo que expone sobre los sistemas diseñados para prevenirla.
Cómo un piloto radicalizado llegó a la cabina
Al-Hammami ya había sido señalado por Oman Air. Funcionarios regionales confirmaron que la compañía omaní lo había apartado de los vuelos por preocupaciones respecto a sus opiniones extremistas. Lo trasladaron a un cargo administrativo. En lugar de permanecer en la lista negra, encontró la forma de llegar a Flydubai. Los controles de seguridad estándar no rastreaban señales de radicalización.
La normativa israelí prohíbe que pilotos de países sin vínculos diplomáticos formales con Israel operen vuelos hacia el país. Omán no mantiene tal relación con Israel. Sin embargo, al-Hammami ostentaba un puesto válido en un vuelo con destino a Tel Aviv.
La falla no se circunscribe a una sola aerolínea ni a un solo gobierno. Se ubica en la intersección de múltiples sistemas que no lograron detectar un riesgo conocido.
El plan que no era tan distinto
Según los investigadores, al-Hammami les manifestó que pretendía volar el Boeing 737 MAX con normalidad hacia el espacio aéreo israelí, recibir autorización de aterrizaje del aeropuerto de Ben Gurión y, luego, estrellar la aeronave contra el aeropuerto o un edificio de oficinas en el centro de Tel Aviv. Al parecer, indicó que había considerado secuestrar un vuelo anterior con destino a Tel Aviv, pero desistió porque sabía que había alguien conocido a bordo.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, describió al copiloto como un sujeto que sufrió radicalización islámica dogmática y atribuyó al capitán, los pasajeros y la tripulación el mérito de evitar una catástrofe comparable al 11 de septiembre. Informes de Estados Unidos e Israel han calificado a al-Hammami como un extremista de lobso solitario, aunque los investigadores aún investigan si contaba con vínculos organizativos o estatales.
La táctica refleja patrones ya conocidos: usar el propio sistema en su contra. Ganar acceso, aparentar normalidad, esperar el momento de máximo impacto. La pregunta ahora es si los marcos de cribado y seguridad vigentes son lo suficientemente sólidos como para detener a alguien que ya superó el escrutinio inicial.
Quién asume la responsabilidad por las fallas
El incidente desató una guerra de culpabilidad entre agencias israelíes. Autoridades emiratíes compartieron una lista de pasajeros y tripulantes con Israel con antelación al vuelo, según funcionarios regionales. Pero la ministra de Transporte de Israel, Miri Regev, afirmó que su ministerio jamás recibió la lista. Señaló que la supervisión de seguridad de vuelos de aerolíneas extranjeras hacia Israel correspondía al Shin Bet y al Mossad. El Shin Bet, a su vez, apuntó hacia el Ministerio de Transporte.
Netanyahu ordenó una revisión de todos los aspectos de seguridad relacionados con la aviación civil extranjera hacia Israel. La evaluación examinará cómo se gestiona la información de pasajeros y tripulantes, cómo se coordina el cribado entre agencias y si la inteligencia sobre empleados de aerolíneas extranjeras se comparte de manera eficaz.
La confusión entre agencias es un problema en sí mismo. Cuando múltiples organismos comparten responsabilidades superpuestas, surgen vacíos. Este incidente puso uno al descubierto.
Cooperación regional y sus límites
El fiscal general de los Emiratos Árabes Unidos, Hamad al-Shamsi, dijo que las investigaciones establecerían las circunstancias completas, los motivos y cualquier vínculo relacionado con el incidente. Los resultados se anunciarán cuando concluyan las pesquisas. Ese proceso podría tomar semanas o meses.
La cooperación regional ha mejorado en los últimos años a través de los Acuerdos de Abraham y la normalización más amplia entre Israel y varios estados del Golfo. Este caso puso a prueba esos lazos. La inteligencia se compartió, pero demasiado tarde para prevenir el ataque. La pregunta es si ese intercambio se vuelve rutinario o permanece como medida improvisada.
Qué cambios se avecinan
Es probable que tres áreas vean reformas. Primero, los estándares de cribado de pilotos. Las aerolíneas y los reguladores enfrentarán presión para ampliar las verificaciones de antecedentes más allá de los registros penales e incluir indicadores conductuales e ideológicos. Algunas compañías ya emplean evaluaciones psicológicas, pero estas son inconsistentes entre regiones y no están universalmente mandatadas.
Segundo, la protección de la cabina. El uso de un hacha de emergencia dentro de la cabina sollevó alarmas. Aerolíneas y fabricantes deberán considerar si las herramientas de emergencia pueden ser accesibles demasiado fácilmente por un miembro malintencionado de la tripulación. Almacenamiento con cerradura o colocación restringida podrían volverse norma.
Tercero, los protocolos de intercambio de inteligencia. El sistema actual permitió que una persona señalada transitara entre aerolíneas y fronteras sin generar alertas. El intercambio automatizado de datos entre aerolíneas, autoridades de aviación civil y agencias de seguridad podría cerrar parte de esos vacíos. Si los gobiernos están dispuestos a invertir en tales sistemas depende de las prioridades políticas y las decisiones presupuestarias.
El costo humano y el panorama general
El capitán Machchhar resultó herido. Los pasajeros vivieron un encuentro aterrador. El copiloto sigue bajo custodia y es interrogado por autoridades de los Emiratos, con representantes israelíes mantenidos al tanto. Autoridades australianas también investigan sus vínculos tras informaciones a medios locales que señalaban que estudió en Australia entre 2015 y 2017.
El incidente es un recordatorio de que la seguridad de la aviación es tan sólida como su eslabón más débil. Una sola omisión en el cribado, una señal perdida o un vacío en la coordinación interagencial puede abrir una brecha para la violencia. El sistema funcionó en este caso, pero apenas.
Lo que ocurra a continuación determinará si este susto Deriva en una reforma significativa o simplemente en una serie de declaraciones y revisiones. La industria aeronáutica opera sobre la base de la confianza. Esa confianza debe ganarse diariamente mediante un cribado riguroso, una rendición de cuentas clara y una cooperación que no flaquee cuando la política se complica.