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Cómo el caos de los votos por correo en EE. UU. se convirtió en un modelo a seguir

Un informe de un denunciante revela que el Servicio Postal apresuró un sistema defectuoso de procesamiento de papeletas en solo 11 semanas para cumplir con la orden ejecutiva de Trump sobre el voto por correo. El ataque a la infraestructura electoral ya está siendo estudiado por movimientos autoritarios en todo el mundo.

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El sprint de 11 semanas que no debería haber ocurrido

El gobierno estadounidense tardó dos años en construir HealthCare.gov. Una herramienta piloto para declaraciones tributarias directas tomó nueve meses. Según todos los estándares conocidos de la burocracia estadounidense, esos plazos deberían haberse considerado ambiciosos. El Servicio Postal recientemente desarrolló un sistema completo para procesar boletos electorales por correspondencia en solo 11 semanas.

Sobre el papel, eso parece eficiencia burocrática. Lee el informe del denunciante, y parece algo completamente distinto.

Según el informe, el USPS ha sacado apresuradamente un sistema de procesamiento defectuoso y propenso a errores en una carrera loca por cumplir una orden ejecutiva del presidente Donald Trump. La orden, actualmente suspendida tras demandas de múltiples estados, habría obligado a cada estado a seguir nuevas reglas federales para preparar, rastrear y enviar boletos electorales. El objetivo, ya sea explícito o no, era crear un mecanismo que volviera tan poco confiable la votación por correspondencia que los votantes perdieran la confianza por completo.

Esto no es una mera molestia administrativa. Es un ataque contra una infraestructura democrática fundamental, ejecutado con una rapidez que sugiere que los problemas fueron anticipados y, posiblemente, incluso deseados.

La arquitectura de la duda

Para entender por qué esto trasciende las fronteras estadounidenses, considera lo que representa la votación por correspondencia. Es una de las formas más accesibles de participación electoral disponibles para cualquier democracia. Los votantes mayores, los ciudadanos con discapacidad, las personas que trabajan horarios irregulares, las comunidades rurales con pocos lugares de votación: los boletos por correspondencia reducen la fricción entre el ciudadano y la urna. Esa accesibilidad es precisamente lo que los convierte en un objetivo.

Cuando un gobierno subfinancia deliberadamente, apresura o sabotea los sistemas que facilitan el voto, el resultado es predecible: algunos votantes experimentarán retrasos, boletos perdidos o confusión en el lugar de votación. El efecto inmediato puede ser pequeño en números crudos. El efecto simbólico es enorme. Le dice a la gente que su voto podría no contar, que el sistema está roto, que participar es fútil. Ese mensaje viaja más rápido que cualquier cambio de política.

Quién está vigilando

Este manual no surgió de la nada. En todo el mundo, los movimientos que prefieren caudillismo a elecciones han estado estudiando a Estados Unidos con creciente interés. La estrategia es consistente: identificar un mecanismo de participación democrática, socavarlo mediante medios burocráticos u hostilidad abierta, y luego usar la disfunción resultante como prueba de que el sistema en sí es ilegítimo.

En Hungría, el gobierno de Viktor Orbán ha erosionado la administración electoral durante años, creando condiciones donde los votantes de la oposición enfrentan filas más largas, menos lugares de votación y confusión generalizada sobre los procedimientos. En Brasil, los seguidores de Jair Bolsonaro difundieron afirmaciones de fraude por correspondencia durante las elecciones de 2022, a pesar de que Brasil tiene prácticamente nula la votación por correspondencia. En India, el BJP en el poder ha manipulado las listas electorales y reducido el acceso para las comunidades minoritarias. En Turquía, el gobierno ha utilizado trámites burocráticos para despojar de derechos electorales a los opositores.

El hilo conductor es el mismo que el informe del denunciante del USPS: el ataque no llega mediante la prohibición obvia de boletos electorales, sino mediante la degradación deliberada de los sistemas que hacen funcional el voto. Cuando el correo no puede procesar boletos a tiempo, cuando las bases de datos de registro electoral presentan fallos, cuando los requisitos de identificación cambian sin previo aviso —el resultado es el mismo. La democracia no muere con un golpe de Estado. Se oxida por negligencia.

Varios estados han demandado para detener la orden ejecutiva de Trump. Esa es la pregunta legal inmediata: ¿bloquearán los tribunales? Pero la pregunta más profunda es estructural. Incluso si esta orden particular se suspende o anula, el mecanismo para socavar la votación por correspondencia permanece disponible. Las órdenes ejecutivas pueden reemplazarse con orientaciones regulatorias. Las orientaciones regulatorias pueden reemplazarse con propuestas presupuestarias que arruinen al Servicio Postal. Las propuestas presupuestarias pueden reemplazarse con retórica que erosione la confianza pública.

El informe del denunciante es valioso precisamente porque documenta un eslabón en una cadena. La cadena en sí es la historia. Cada administración, cada Congreso, cada agencia reguladora que toca la administración electoral tiene el poder de hacer el voto más difícil o más fácil. El USPS construyó un sistema defectuoso en 11 semanas porque le dijeron que construyera algo rápido. ¿Quién preguntará qué sucede cuando llegue la próxima orden ejecutiva?

Qué sigue

Expertos en administración electoral advierten que los riesgos no son teóricos. Si la orden ejecutiva entra en vigor, el Servicio Postal necesitará procesar boletos bajo nuevas reglas federales mientras administra simultáneamente sus operaciones existentes. El denunciante describe un sistema apresurado y propenso a errores. Suma un mandato nacional sobre esa infraestructura, y la probabilidad de fallas generalizadas en el procesamiento de boletos aumenta significativamente.

Para los votantes, las consecuencias podrían incluir boletos retrasados, información de seguimiento ausente e incertidumbre sobre si su voto fue contado. Para los funcionarios electorales, significa operar bajo reglas que pueden entrar en conflicto con las leyes estatales —y enfrentar demandas de ambos bandos. Para el público, significa otro año de escuchar que el sistema electoral está roto, que es precisamente el punto.

El contexto global hace que esta historia sea más grande que cualquier elección individual. Las democracias de todo el mundo experimentan lo que los académicos llaman “regresión democrática”: una erosión gradual de las instituciones a través de medios legales y burocráticos en lugar de fuerza. Estados Unidos ha sido frecuentemente presentado como la excepción, la democracia madura inmune a tales patrones. El informe del denunciante sobre la votación por correspondencia sugiere que esa designación podría necesitar revisión.

La plantilla es exportable

Lo que hace que esta historia resuene internacionalmente es que la plantilla es fácilmente adaptable. Cualquier país con un sistema postal, cualquier gobierno dispuesto a usar autoridad ejecutiva sobre la administración electoral, cualquier movimiento político que prefiera una participación electoral debilitada antes que elecciones competitivas —todos tienen los ingredientes. Los detalles específicos varían según el país, pero la lógica es idéntica: hacer que votar sea más difícil, y luego afirmar que la dificultad demuestra que el sistema está amañado.

El plazo de 11 semanas para el sistema de boletos del USPS es el tipo de detalle que se pasa por alto en la cobertura superficial. No debería ser así. Apretar un proyecto de infraestructura democrática crítica para cumplir con una orden políticamente motivada no es gobierno normal. Es una señal —sobre lo que la administración valora, sobre la disposición a cortar esquinas, y sobre la disposición a tratar los sistemas electorales como instrumentos de estrategia política en lugar de servicios públicos neutrales.

Las demandas pueden suspender esta orden en particular. La estrategia subyacente perdurará más allá de ella. Esa es la parte que el informe del denunciante no especifica, pero es imposible ignorar: el caos no fue un accidente de incompetencia. Fue el producto del diseño. Y el diseño puede ser rediseñado.

Para los votantes en Estados Unidos y en el extranjero, la lección es sencilla. La infraestructura democrática no es permanente. Requiere mantenimiento activo, financiamiento y protección legal. Cuando esas tres cosas desaparecen —cuando el correo está subfinanciado, cuando las reglas cambian de la noche a la mañana, cuando los sistemas se crean apresuradamente sin pruebas—, el daño no siempre es visible en el conteo final de votos. Aparece en la erosión de la confianza que hace más difícil celebrar la siguiente elección.