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El Superávit de Corea Supera a Alemania y Japón con el Boom de Chips

El superávit en cuenta corriente de Corea del Sur superó al combinado de Alemania y Japón, señalando que el auge de chips para IA se traduce en flujos macroeconómicos tangibles. El won fuerte es la primera prueba audible de que la demanda de semiconductores de memoria está generando números reales de balanza de pagos.

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El superávit de Corea señala que el auge de los chips de IA por fin está dando frutos

El superávit en cuenta corriente de Corea del Sur en el segundo trimestre de este año superó por primera vez desde que se llevan registros desde 1996 la suma combinada de Alemania y Japón. El hito es más que una curiosidad estadística; es una señal macro de que la súper-cycle semiconductora impulsada por la inteligencia artificial está entregando flujos tangibles de fortalecimiento cambiario, no meras promesas en balances.

Los números son contundentes. Según datos del FMI citados por el Banco de Corea, el superávit del segundo trimestre alcanzó los 116.600 millones de dólares, ocupando el segundo puesto a nivel global detrás de China con 193.700 millones. El superávit alemán en tercer lugar (52.300 millones) y el japonés en cuarto (50.600 millones) sumaron solo 102.900 millones: una brecha de casi 14.000 millones. El patrón se repitió en el periodo julio-agosto: el exceso coreano de 88.200 millones sobre la misma cifra combinada.

Las proyecciones año completo reafirman la tendencia. El FMI ahora espera que el superávit anual en cuenta corriente de Corea alcance los 421.900 millones de dólares, situándose nuevamente solo por debajo de China. Esto representaría un aumento interanual de unos 299.000 millones, más del doble del aumento proyectado para China, de 138.800 millones. En términos porcentuales, se prevé que el superávit equivalga al 18.8% del PIB, el nivel más alto desde 1980.

El motor es innegable: las exportaciones de semiconductores de memoria. Los envíos del tercer trimestre de chips de memoria se dispararon un 311.6% interanual hasta alcanzar los 130.700 millones de dólares, impulsados por un repunte de precios en la memoria de alta banda (HBM) y otros productos DRAM diseñados para cargas de trabajo de entrenamiento e inferencia de IA. Samsung Electronics y SK Hynix, los dos colosos que juntos concentran la mayor parte de la producción de chips de Corea, están registrando márgenes históricos mientras los hiperescalar y proveedores en la nube compiten por asegurar suministro.

No obstante, la composición del superávit importa tanto como su magnitud. No se trata de un renacimiento manufacturero generalizado; es una ganancia concentrada procedente de un único commodity —el silicio— cuyo precio ha sido elevado por un grupo reducido de compradores. El Banco de Corea ha señalado que el superávit está “impulsado abrumadoramente por las exportaciones de semiconductores de memoria”, una frase que carry tanto orgullo como advertencia. Cuando el ciclo de capex en IA finalmente desacelere, o cuando nuevos actores inunden el mercado con capacidad adicional, el superávit podría contraerse con brusquedad.

De hecho, las propias proyecciones del FMI muestran que el superávit alcanzará su pico en 2028 por encima de los 400.000 millones antes de caer a 295.700 millones para 2029 (tercer puesto) y 177.500 millones para 2031 (quinto puesto). La trayectoria sugiere que el exceso actual es función de un momento específico en el ciclo de los semiconductores, no de un reordenamiento permanente del poder económico global.

El won como indicador líder

Para Corea, la implicación inmediata es la moneda. Un superávit de tal magnitud ejerce presión ascendente persistente sobre el won. El banco central ya ha intervenido en múltiples ocasiones durante este año para suavizar una apreciación excesiva, un reflejo familiar en un país donde la competitividad de las exportaciones es una prioridad nacional. Pero la propia intervención es una señal: los reguladores reconocen que un won más fuerte podría socavar los propios ingresos por exportaciones que están llenando la cuenta corriente.

La fortaleza del won es también la primera prueba audible de que el auge de los chips de IA está imprimiendo cifras macro reales. Durante años, los inversionistas observaron cómo las empresas semiconductores anunciaban gastos de capital de miles de millones de dólares para nuevas fab y centros de I+D, pero esas promesas rara vez se traducían en movimientos de balanza de pagos. El cambio en el superávit de Corea demuestra que la demanda ahora se convierte en divisa dura: un fenómeno raro en una era donde muchas economías avanzadas operan déficits persistentes.

¿Quién gana y quién pierde? Samsung y SK Hynix son los beneficiarios obvios, con sus capitalizaciones bursátiles hinchadas por ganancias récord y pagos de dividendos. Las industrias downstream coreanas, sin embargo, enfrentan una espada de doble filo: un won más fuerte abarata sus componentes importados pero también erosiona la competitividad de precios de sus productos terminados. Los pequeños y medianos proveedores que no exportan directamente pueden no sentir dolor inmediato, pero los fabricantes que compiten en Europa o Norteamérica verán sus márgenes comprimidos si el won sigue apreciándose.

Los observadores globales deberían leer esto como un indicador líder. El superávit en cuenta corriente de Corea es un sustituto de la salud del ciclo de los semiconductores. Si el superávit comienza a deshilacharse más rápido de lo que el FMI pronostica, señalaría que la demanda de IA se está saturando o que los precios de la memoria están corrigiéndose antes de lo esperado. Por el contrario, la persistencia del superávit a través de 2028 sugeriría que el gasto de los hiperescaladores permanece robusto y que la industria de chips de Corea está capturando una participación duradera en la economía de la IA.

El dilema político y el camino por delante

El dilema de política es agudo. Economistas como Joon-Suk Lee de la Universidad Católica argumentan que el periodo de bonanza es precisamente el momento en que Corea debería acelerar las reformas estructurales: clearing de firmas marginalmente viables, inversión en semiconductores de próxima generación más allá de la memoria, y diversificación de su base industrial lejos de la concentración en dos chaebols. No obstante, cada paquete de estímulo o recorte fiscal diseñado para sostener la demanda interna arriesga inflar burbujas de activos en una moneda que ya se está fortaleciendo.

El Banco de Corea enfrenta una tarea delicada: gestionar la volatilidad cambiaria sin asfixiar el canal de exportaciones que está generando el superávit. Mientras tanto, el gobierno debe equilibrar el impulso de reciclar los dólares del superávit en inversiones estratégicas contra la tentación de financiar consumo a corto plazo. La experiencia de Corea se refleja en la de los exportadores de materias primas a lo largo de la historia: una afluencia repentina de divisas puede distorsionar la política fiscal, apreciar la moneda y desplazar a los sectores no relacionados con los recursos, a menos que se gestione con disciplina.

Lo que ocurre a continuación dependerá de tres variables. Primero, el ritmo de adopción de la IA en todas las industrias; si las aplicaciones de IA generativa no logran escalar más allá de las gigantes tecnológicas, la demanda de memoria se estancará. Segundo, la respuesta de TSMC e Intel ante el cuello de botella de HBM; cualquier avance que aumente el suministro comprimirá los precios. Tercero, el riesgo geopolítico: una disrupción en Taiwán o un cambio en los controles de exportación estadounidenses podrían redirigir los flujos de chips y alterar la trayectoria del superávit coreano.

Por ahora, Corea se erige como un caso de prueba único: una economía de ingresos medios que ha superado a los gigantes manufactureros tradicionales en los puestos del saldo en cuenta corriente, todo mientras cabalga sobre una ola de un solo commodity. El superávit es real, pero su duración es incierta. Si Corea logra convertir esta ventaja momentánea en resiliencia económica duradera determinará si el ranking de cuenta corriente se convierte en un hito o en un espejismo.