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El Juicio de Oh Se-hoon y la Lucha por el Conservadurismo Coreano

El juicio por corrupción de Oh Se-hoon redefine el futuro del conservadurismo surcoreano y su política hacia China, mientras la oposición critica demoras judiciales.

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El veredicto que podría redibujar el mapa político de Corea

El juicio de apelación del alcalde de Seúl, Oh Se-hoon, es más que un procedimiento legal: es un espejo que refleja las fracturas dentro del movimiento conservador de Corea del Sur y el estado de su sistema judicial. Mientras Oh enfrenta una condena por corrupción que podría poner fin a su carrera política, la verdadera historia se despliega en las grietas entre su procesamiento acelerado y los retrasos deliberados que rodean los problemas legales del partido en el poder.

El veredicto de apelación de Oh, esperado dentro de meses del fallo de primera instancia, contrasta marcadamente con los casos que involucran a figuras clave de la administración del presidente Lee Jae-myung. Kim Yong, viceministro jefe del instituto de investigación del Partido Democrático y uno de los confidentes más cercanos del presidente, fue sentenciado en un caso de corrupción a un juicio de apelación en febrero de 2025 —casi un año y tres meses después de su juicio inicial. Dieciocho meses después, aún no ha surgido un veredicto definitivo.

Kim Hye-kyung, la esposa del presidente, enfrenta una sombra similar. Su caso por violación de la ley electoral llegó a una sentencia de segunda instancia en mayo de 2025. Según el llamado “principio 6·3·3” —una directiva destinada a acelerar los casos electorales—, su apelación debería haberse resuelto en tres meses. Han pasado 17 meses. Ninguna decisión final.

Y luego está Jeong Jin-sang, el antiguo funcionario del Partido Democrático que ha sido encausado desde marzo de 2023 por su papel en el escándalo de Daejang-dong y la controversia del Seongnam FC. Tres años después, aún no ha recibido un veredicto de primera instancia. Camina en libertad bajo fianza.

Estas no son discrepancias menores. Son patrones que Jeong Jeom-sik, líder del grupo parlamentario del Partido del Poder Popular en el gobierno, puso al descubierto durante una sesión de la Asamblea Nacional el 20 de octubre.

La doble vara del sistema judicial

Las críticas de Jeong van al corazón de una percepción creciente: que el sistema judicial de Corea del Sur opera con dos límites de velocidad. Cuando se trata de figuras de la oposición como Oh Se-hoon, los tribunales actúan con urgencia. Cuando los casos involucran a allegados de la administración actual, se estancan: a veces durante años.

La implicación es directa: el partido en el poder podría estar usando el retraso como un arma a modo de protección política. Ya sea por intención o por estructura, el resultado es el mismo: las figuras clave del círculo cercano del presidente Lee evitan la contundencia de una condena, mientras sus adversarios enfrentan castigos迅速.

Esta asimetría también plantea una cuestión constitucional. La esposa del presidente, Kim Hye-kyung, no ostenta el cargo de presidenta y, por lo tanto, no está protegida por el Artículo 84 de la Constitución, que otorga inmunidad procesal al presidente en ejercicio. Sin embargo, su caso permanece sin resolver, mientras que el de Oh Se-hoon avanza hacia la resolución definitiva.

Por qué esto importa más allá del tribunal

Oh Se-hoon no es solo un alcalde que enfrenta un ajuste de cuentas legal. Es el estandarte de un movimiento conservador que ha luchado por definirse desde la caída de la anterior administración. Una condena podría erosionar aún más la confianza pública en el compromiso del partido con la reforma anticorrupción —un tema que los conservadores han utilizado durante mucho tiempo para atacar a sus rivales, solo para encontrarse del lado equivocado de la misma ecuación.

Pero las apuestas más amplias involucran la política exterior de Corea del Sur, particularmente hacia China. Oh Se-hoon ha adoptado una línea dura frente a Pekín, abogando por una mayor alineación con Washington y una postura más firme en comercio y seguridad. Si es apartado de la política, el movimiento conservador podría perder su voz más destacada sobre la cuestión china —y verse obligado a moderar su posición o buscar un nuevo líder dispuesto a portar ese estandarte.

Por ahora, el partido mira hacia figuras como Jeong Jeom-sik, cuyo rechazo público al retraso judicial señala tanto una postura defensiva como un intento de enmarcar la narrativa. La estrategia es clara: pintar los problemas legales del partido en el poder como políticamente motivados, mientras se retrata el caso de Oh como una víctima del exceso de autoridad.

La sombra del juicio político

Lo que complica aún más el panorama es el empuje de los legisladores del Partido Democrático y sus aliados en el Jooguk Innovation Party para impulsar un juicio político contra el juez presidente de la Corte Suprema, Choi Hee-dae. Jooguk Innovation presentó una moción de juicio político el 19 de octubre, instando al Partido Democrático a formar una mesa de trabajo conjunta y convocar una sesión unificada. El exlíder del partido, Jung Cheong-rae, tomó las redes sociales para calificar el juicio político como “la voluntad del pueblo”.

Jeong Jeom-sik argumentó que la fecha es sospechosa: que el esfuerzo de juicio político está diseñado para intimidar al tribunal y lograr resultados favorables antes de fallos que podrían perjudicar a la administración. Si esa acusación tiene fundamento dependerá de si el tribunal de Choi Hee-dae está realmente influenciado por la presión política. Pero la mera sugerencia añade otra capa de incertidumbre a un sistema judicial ya bajo escrutinio.

Qué sucede a continuación

Si se confirma la condena de Oh Se-hoon en la apelación, el movimiento conservador enfrentará un vacío de liderazgo en un momento crítico. Su ausencia debilitaría la capacidad del partido para proyectar fortaleza en temas donde ha sido más firme: seguridad nacional, política hacia China y gobernanza anticorrupción.

Si los retrasos en los casos de Kim Yong y Kim Hye-kyung continúan, la percepción de desigualdad judicial se profundizará, alimentando potencialmente la ira pública que podría traducirse en consecuencias electorales para el partido en el poder.

Y si el juicio político contra el juez presidente Choi avanza, podría desencadenar una crisis constitucional que destabilice aún más un entorno político ya tenso.

Los próximos seis meses determinarán no solo el destino de políticos individuales, sino la dirección del movimiento conservador de Corea del Sur y su relación con el sistema judicial —y, por extensión, su postura estratégica hacia China y la región más amplia.