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La ONU ha pedido al mundo que deje de usar mapas Mercator. Japón votó a favor.

La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que insta a los países a reemplazar la proyección de Mercator por mapas de área igual, como Equal Earth o Gall-Peters. Japón votó a favor. Lo que parece un discreto cambio cartográfico es en realidad un argumento decolonial de décadas que resurge —y tiene consecuencias reales sobre cómo se ve, financia y habla del Sur Global.

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El mapa de tu pared te está mintiendo

Groenlandia se ve enorme en la mayoría de los mapas de aula. Parece tener aproximadamente el mismo tamaño que África. Pero no es así. África es unas 14 veces más grande. Esa distorsión no es un error: está intrínsecamente ligada a la proyección de Mercator, diseñada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator para la navegación marítima. Una línea de rumbo en Mercator permanece recta, lo que la hace útil para los marineros. Pero el costo es que las masas terrestres cercanas a los polos se estiran de forma extrema, mientras que las regiones ecuatoriales se encogen.

Durante 450 años, esta proyección se convirtió en el mapa mundial por defecto. Moldeó la forma en que generaciones enteras entendieron el poder, la riqueza y la importancia globales. El Norte Global ocupaba la parte superior y lucía dominante. África, apiñada entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio, parecía tan pequeña que cabría tres veces dentro de Europa — una narrativa visual que reforzó sin alzar la voz los supuestos de la era colonial sobre qué problemas importaban más.

Qué acaba de pasar

El 5 de septiembre, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución que insta a los estados miembros a considerar reemplazar la proyección de Mercator por sistemas de áreas iguales, como la de Gall-Peters o la más reciente proyección Equal Earth. Japón votó a favor.

La resolución no es vinculante. No prohíbe los mapas de Mercator en aulas ni en publicidad. Lo que hace es señalar un cambio en el nivel diplomático más elevado: la idea de que un mapa no es un objeto neutro, sino un marco que moldea la percepción, y de que algunos marcos cargan con un historial que vale la pena cuestionar.

Gall-Peters surgió por primera vez en la década de 1850, pero permaneció mayormente ignorada hasta que el geógrafo británico Arno Peters la revitalizó en 1974 como un desafío explícito a la cartografía eurocéntrica. Fue ridiculizada por los cartógrafos occidentales y desestimada como política. La proyección Equal Earth, presentada en 2018 por investigadores de la Cartographic Association, intenta hacer lo que Gall-Peters pretendía: preservar el área con precisión mientras mantiene formas y distancias más intuitivas que su predecesora. La nueva resolución parece inclinarse hacia esta alternativa más suave y funcional, en lugar de la rigurosa versión de Peters que generaciones de docentes aprendieron a temer.

Quiénes ganan realmente aquí

Esta resolución es silenciosamente ambiciosa en lo que intenta lograr. Los mapas son la interfaz a través de la cual la mayoría de las personas comprende la geografía. Los niños crecen viendo una imagen distorsionada del mundo y absorben su jerarquía sin saberlo. Una resolución que impulse a gobiernos, editoriales y organismos educativos hacia una representación precisa de las áreas podría cambiar el mapa mental de toda una generación — lentamente, de forma imperceptible, y luego, de golpe.

África gana de manera más visible. Bajo Gall-Peters o Equal Earth, recupera aproximadamente la mitad de su superficie reducida por Mercator. La República Democrática del Congo, actualmente reducida a algo que se parece a Polonia en Mercator, aparece más cercana a su tamaño real — casi del tamaño de Francia, España, Alemania e Italia combinadas. Namibia se muestra más cerca de sus dimensiones verdaderas, en lugar de la tira encogida que Mercator le asigna. Madagascar crece desde un punto hasta algo que se asemeja a su escala real.

El Sur Global gana un argumento más contundente en los debates sobre desarrollo. Cuando un mapa te dice que un país es pequeño, resulta más fácil pasar por alto brechas de financiación, vulnerabilidad climática o necesidades de infraestructura. La representación precisa no cambia la política por sí sola, pero sí altera la historia visual que los responsables de política y los donantes llevan en la mente. Un continente que parece más pequeño invita a menos urgencia. Uno del tamaño correcto, no.

El voto de Japón lleva peso. El país ha sido percibido históricamente como cauteloso en temas poscoloniales, y su apoyo aquí señala que incluso naciones sin historias coloniales directas en África ven valor en corregir una distorsión que aún afecta cómo sus propias poblaciones perciben el mundo. También encaja en un patrón más amplio: Japón ha ido posicionándose cada vez más como un actor pragmático en instituciones multilaterales, dispuesto a respaldar resoluciones que suenan técnicas pero que conllevan un peso normativo.

Quiénes pierden

Mercator tiene defensores. Algunos argumentan que sigue siendo el mapa mundial más reconocible y que cambiarlo arriesga la confusión. Otros, incluidos algunos cartógrafos, han criticado a Gall-Peters por su extrema distorsión de las formas: los países cerca de los polos se estiran verticalmente, haciendo que Canadá y Escandinavia parezcan artificialmente altos. La proyección Equal Earth fue diseñada para suavizar ese problema, pero sigue desplazando una tradición visual con la que millones crecieron.

Las editoriales, fabricantes de libros de texto y empresas tecnológicas enfrentarán costos reales. Google Maps, Apple Maps y la mayoría de las editoriales educativas construyeron sus productos alrededor de las convenciones de Mercator. Readaptar interfaces, materiales de formación y atlas digitales no es gratis. La resolución no impone el cambio, pero genera presión diplomática que esos sectores sentirán con el tiempo.

La pérdida más profunda, si existe alguna, es la comodidad. Mercator normalizó una visión del mundo que situaba a Europa y Norteamérica visualmente en el centro y en la parte superior. Hacía que el statu quo geopolítico pareciera natural. Desmantelar esa ilusión requiere reconocer que el mapa antiguo nunca fue verdaderamente neutro — algo que algunos encontrarán incómodo sin importar su orientación política.

Por qué esto importa más allá de la clase de geografía

Las proyecciones cartográficas raras veces tratan solo de proyección. Tratan de perspectiva. La proyección de Mercator ayudó a las potencias marítimas a navegar; también ayudó a esas mismas potencias a visualizar su dominio. Un niño que ve África más pequeña que Europa absorbe una lección sutil sobre dónde reside el poder. Un niño que lo ve correctamente absorbe una distinta.

El timing también importa. La resolución llega en medio de renovados debates globales sobre justicia climática, asignación de ayuda al desarrollo y el papel de las instituciones internacionales para representar equitativamente a los países de bajos ingresos. Aparece junto con datos que muestran que África, a pesar de ser enormemente más grande y rica en recursos de lo que sugieren la mayoría de los mapas, recibe una fracción de la financiación climática global en relación con sus necesidades. Un mapa corregido no redistribuye dinero, pero sí cambia la geometría moral detrás de la pregunta de por qué el dinero no se redistribuye.

También llega en un momento en que las plataformas digitales de mapeo tienen una influencia enorme sobre la comprensión pública. Si las grandes empresas tecnológicas comienzan a adoptar por defecto Equal Earth o proyecciones similares en contextos educativos u oficiales, el cambio alcanzará a miles de millones de personas más de lo que cualquier resolución podría lograr.

Qué viene después

La resolución es un punto de partida, no un punto final. La implementación dependerá de que los ministerios de educación nacionales, las editoriales de libros de texto y las empresas tecnológicas decidan si la siguen. Algunos países la adoptarán con rapidez; otros la ignorarán. La ONU no cuenta con mecanismos de强制执行 para las proyecciones cartográficas.

Lo probable es un lento cambio cultural. Los libros de texto se actualizan cada década o dos. Las plataformas digitales renuevan sus interfaces con mayor frecuencia. Las generaciones criadas bajo una representación precisa de las áreas ingresarán a la toma de decisiones, el periodismo y la educación con un supuesto base distinto sobre cómo está estructurada el mundo. Ahí es donde ocurre el cambio real — no en un solo voto, sino en lo que la gente da por sentado la próxima vez que abra un mapa.

La proyección de Mercator sobrevivió cinco siglos porque era útil. Las proyecciones de áreas iguales sobrevivieron al ridículo durante décadas porque tenían razón. La resolución de la ONU no borra a Mercator; simplemente le quita su privilegio como opción por defecto. Es un gesto diplomático pequeño con una consecuencia visual enorme.