La estrategia de contención de Arabia Saudita en Yemen acaba de morir
Los ataques hutíes contra el aeropuerto de Riad y la sede de Aramco exponen el colapso de la estrategia de contención de Arabia Saudita en Yemen, que partía de la idea de que los hutíes podían manejarse solo con disuasión. El cálculo ya no funciona.
Las matemáticas han cambiado
Arabia Saudita invirtió aproximadamente una década en intentar contener a los hutíes sin librar una guerra a gran escala. El supuesto era sencillo: mantenerlos atrapados en las escarpadas tierras altas del noroeste de Yemen mediante una combinación de bombardeos, bloqueos y fuerzas proxy, y no escalarían hacia el corazón del reino. Los ataques que golpearon el aeropuerto internacional de Riad durante tres días consecutivos, sumado al golpe contra la sede de Aramco en Dammam el martes, simplemente demostraron que ese supuesto era erróneo.
Rob Geist Pinfold, del King’s College London, lo dijo con claridad: esto es el colapso de la estrategia de contención. Estableció una comparación directa con el enfoque de Israel hacia Hamás antes del 7 de octubre de 2023. Tanto Riad como Tel Aviv operaban bajo la misma ilusión: que podías gestionar a un actor no estatal hostil manteniéndolos en desventaja pero con vida, confiando en que nunca encontrarían la capacidad de responder.
Los hutíes encontraron esa capacidad. Y la hallaron durante una tregua de cuatro años que les dio tiempo para afianzarse, innovar y aprender.
Qué muestran realmente los ataques
Las cifras son escalofriantes. Arabia Saudita gasta el 6,5 por ciento de su PIB en defensa —uno de los ratios más altos a nivel global—, adquiriendo sistemas Patriot y THAAD a Estados Unidos. Sin embargo, un funcionario de defensa occidental en Riad declaró a Middle East Eye que el reino absorbe misiles y drones en aproximadamente un 90 por ciento. El 10 por ciento restante es suficiente. Los hutíes no tienen éxito porque su tecnología mejoró de la noche a la mañana. Tienen éxito porque las defensas aéreas sauditas fueron diseñadas para una amenaza distinta.
Gregory Gause, del Middle East Institute, señaló que la precisión de los hutíes al elegir sus blancos está una generación por delante de lo que mostraron en la guerra de 2015 a 2022. Un funcionario occidental lo expresó con más crudeza: los hutíes son mucho más efectivos que lo que fue Irán en febrero. Aprendieron de los intercambios previos. La combinación, dijo el funcionario, es innovación, velocidad acelerada y mejor inteligencia.
También existe una asimetría estructural en juego. Un ataque aéreo saudí al aeropuerto de Sanaa infinge un costo político a los hutíes. Un ataque hutí al aeropuerto de Riad infinge un costo económico y psicológico a Arabia Saudita. Los daños no son simétricos, y el reino lo sabe.
Por qué esto es peor que en 2015
En 2015, Arabia Saudita tenía menos vínculos con la economía global y menos en juego en un conflicto prolongado. Hoy ocurre exactamente lo contrario. El reino alberga una conferencia de inversiones emblemática a finales de mes. Cerrar nuevamente el aeropuerto de Riad socavaría esa credibilidad de forma inmediata. El oleoducto Este-Oeste ya fue alcanzado el mes pasado en un ataque que el reino atribuyó a milicias iraníes en Irak. La economía se contrajo y se proyecta que se contraiga un 3,6 por ciento este año. Los megaproyectos de la Visión 2030 ya están siendo reducidos.
Una guerra más amplia no es un riesgo abstracto. Es un riesgo en el balance.
Por eso la posición del príncipe heredero Mohammed bin Salman constituye ahora la prueba más seria de su liderazgo hasta la fecha. Heredó una guerra en 2015 que se convirtió en un atolladero. Recortó sus pérdidas en 2022 con una tregua incómoda. Intentó convencerse a sí mismo y al mundo de que la contención funcionaba. Los datos de las últimas semanas sugieren que no funcionó.
El problema de los proxies
Arabia Saudita no puede librar esta guerra por su cuenta. Históricamente ha dependido de fuerzas terrestres yemeníes, y esas fuerzas están destrozadas. El gobierno reconocido internacionalmente anunció a principios de mes una ofensiva a gran escala destinada a recuperar territorio en manos hutíes desde 2014. Funcionarios occidentales que siguen la campaña expresaron decepción. Algunas unidades aparecieron sin comida ni agua. Otras se desvanecieron, dejando los flancos expuestos.
Los combatientes más capacitados en Yemen están alineados con los Emiratos Árabes Unidos, no con Riad. Eso crea una falla. Arabia Saudita y los EAU chocaron por el apoyo de Abu Dabi a las ambiciones secesionistas del sur, lo que complica cualquier esfuerzo militar unificado. El vicepresidente de los EAU, Mansour bin Zayed, visitó Riad a principios de mes en un intento por reparar relaciones. Días después, Aidarous al-Zubaidi, el jefe exiliado del movimiento secesionista del sur, apareció en un vídeo con un mapa de un Estado sureño independiente propuesto detrás de él, pidiendo movilización contra los hutíes mientras simultáneamente solicitaba al mundo que reconociera su declaración constitucional.
Ibrahim Jalal, experto independiente sobre Yemen y el Golfo, calificó la aparición de innecesaria e indicativa de una divergencia más profunda entre Arabia Saudita y los Emiratos. La contraofensiva aún está en etapas tempranas, pero la coalición en el terreno no es coherente.
La pregunta iraní que nadie quiere responder
Los hutíes tienen motivaciones internas. Pero su cálculo de escalada no puede separarse del estancamiento de la tregua entre Estados Unidos e Irán. Gause argumentó que la única vía práctica para Arabia Saudita en este momento es presionar a Washington para que asegure un fin al conflicto con Irán. Los hutíes serán restringidos solo si los iraníes se los ordenan. Eso requiere un acuerdo político, no solo diplomacia.
Estados Unidos hasta ahora se ha negado a involucrarse públicamente. Se ha brindado apoyo defensivo e inteligencia, pero sin botas en el terreno ni compromisos públicos. El senador Chris Murphy visitó Riad a principios de mes. Era uno de los críticos más feroces de la guerra de Yemen antes de la tregua de 2022. Notablemente, esta vez no pidió contención a Arabia Saudita.
Arabia Saudita activó el Pacto de La Meca —un acuerdo de defensa conjunta de ocho naciones— a principios de junio. Pakistán ha enviado ayuda militar. Se espera que Turquía siga el ejemplo. Estas son medidas defensivas. No resuelven el problema de asimetría.
Qué sigue
Arabia Saudita tiene tres opciones, ninguna limpia. Puede escalar militarmente y arriesgarse a otra década de desgaste que no puede permitirse. Puede profundizar su dependencia de proxy locales y esperar que mejoren —hasta ahora no lo han hecho—. O puede presionar más a Estados Unidos para lograr un acuerdo con Irán que contenga a los hutíes desde arriba.
La estrategia de contención terminó. El reino ahora enfrenta una realidad binaria: o libra una guerra que ya no quiere y que apenas puede permitirse, o acepta que los hutíes se han convertido en un actor estratégico que no puede contenerse solo con disuasión. Los ataques al aeropuerto de Riad y a la sede de Aramco no son provocaciones. Son una demostración de concepto. Los hutíes pueden golpear donde duele. Y Arabia Saudita aún no ha descubierto cómo detenerlos.
La pregunta para Riad ya no es si la contención era viable. Es si queda algo que contener.