El escándalo de justicia en Corea expone un círculo cercano entre políticos y jueces
Grabaciones filtradas revelan que un candidato a ministro surcoreano llamó 'mi mejor amigo' a un juez, un detalle que podría socavar la confianza pública en las instituciones legales del país en un momento crítico.
Un amigo en el poder judicial
La grabación data del 14 de octubre de 2021. Kim Seung-won —entonces legislador y ahora candidato a ministro de Justicia de Corea del Sur— está al teléfono con un intermediario llamado Yang. Discuten el avance de una investigación penal que involucra a un cliente de Yang, una empresa de biotecnología llamada GenCell. En un momento dado, Kim menciona al juez Jung, el magistrado que luego revisaría la solicitud de orden de captura contra una figura clave en ese mismo caso.
Kim llama al juez Jung su mejor amigo.
No un conocido casual. No alguien a quien haya cruzado un solo día. Sus palabras, según la grabación difundida por el legislador independiente Han Dong-hoon el 6 de septiembre, son concretas: «Tengo un vínculo cercano con él». Yang responde como si ya conociera al juez, refiriéndose a él de forma informal por un apodo. Kim dice que se dirige a una reuníon para beber con el juez, y que el juez a veces pierde el control cuando está ebrio. Yang ofrece conseguirle un conductor designado.
El equipo de Kim había argumentado previamente que él y el juez Jung eran desconocidos que se cruzaron por casualidad en un evento social. La grabación contradice directamente esa explicación. Han Dong-hoon señaló que se trata de un intento deliberado por minimizar lo que, en realidad, era una relación estrecha y constante.
Quién es quién
Para entender la magnitud de este escándalo, hay que conocer a los protagonistas. Kim Seung-won es un ex fiscal general y una figura en ascenso en la política surcoreana. Fue nominado por el presidente Yoon Suk Yeol para ejercer como ministro de Justicia, la persona responsable de supervisar el Ministerio Público, el aparato administrativo de los tribunales y la integridad del sistema de justicia penal. Su confirmación está en juego.
Han Dong-hoon es también un ex fiscal general y un poderoso legislador independiente, conocido por usar filtraciones como arma política. Tiene historial de publicar grabaciones perjudiciales contra opositores políticos. Su timing aquí es notable: la difusión ocurre en medio de una lucha de poder más amplia dentro del campo gobernante de Corea del Sur, donde Han y Yoon han mantenido una disputa abierta sobre el alcance de las facultades del Ministerio Público.
El juez Jung es la variable desconocida. Es el magistrado que, en 2022, rechazó emitir una orden de captura contra Kang Se-chan, director ejecutivo de GenCell, empresa en el centro de alegaciones de que proporcionó datos fraudulentos de ensayos clínicos para un tratamiento contra el COVID-19. Esa decisión —un rechazo a detener a un sospechoso en un escándalo farmacéutico de gran calado— ahora se examina a través de la declaración grabada de Kim sobre su amistad.
Yang es la intermediaria. Se la acusa de facilitar la solicitud de Kim a Kim Kang-rip, entonces jefe del Ministerio de Seguridad de Alimentos y Medicamentos, para que intervenga en favor del proceso de aprobación de un medicamento de GenCell. No se demostró ningún pago directo. Los fiscales decidieron no investigar penalmente a Kim Seung-won en diciembre de 2024, aduciendo falta de pruebas de un delito.
Pero negarse a investigar no es lo mismo que absolver. Y la grabación añade una nueva dimensión: no sobre sobornos, sino sobre proximidad.
La pregunta que no se ha hecho
El escándalo no se trata simplemente de si Kim Seung-won infringió la ley. Se trata de si el sistema que lo confirmaría como ministro de Justicia puede soportar la apariencia de indebido. Si un hombre nominado para supervisar el sistema de justicia de Corea del Sur mantiene amistades cercanas con jueces que conocen casos que involucran a sus allegados, el público hará una pregunta sencilla: ¿quién recibe clemencia y por qué?
El timing importa. Corea del Sur ya está lidiando con una crisis de confianza en su poder judicial. En los últimos años, fallos de alto perfil han sido criticados por estar motivados políticamente —por parte tanto de la izquierda como de la derecha—. La ciudadanía es sensible a la idea de que los contactos pesan más que el mérito en el sistema judicial. Esta grabación alimenta esa sospecha de lleno.
Qué sigue
Las audiencias de confirmación de Kim Seung-won ahora probablemente se convertirán en un campo de batalla. Los legisladores de la oposición lo presionarán sobre la grabación. Incluso los legisladores simpatizantes dudarán en defender a un nominado que llamó «mejor amigo» a un juez mientras un caso vinculado a sus decisiones estaba pendiente. El daño no es solo a Kim, sino a la credibilidad institucional del ministerio que habría de liderar.
El juez Jung también enfrenta interrogantes. Su criterio profesional en el caso GenCell será reexaminado. Si se excusó o no de futuras actuaciones relacionadas con partes conectadas a Kim es un detalle que importará en cualquier desafío legal.
Han Dong-hoon ha insinuado que podrían seguir más grabaciones. Enmarcó sus acciones como un servicio al público, diciendo a los reporteros que «aún existen muchos denunciantes desinteresados al servicio del bien común». Esa es una clara advertencia a otras figuras políticas que pudieran tener sus propias relaciones con el poder judicial expuestas.
El partido gobernante ha respondido de forma agresiva. Presentó una denuncia ante el Servicio Especial de Investigación, acusando a Han de haber obtenido y filtrado las grabaciones de manera ilegal. Queda por verse si esa maniobra legal frena el escándalo o simplemente echa leña al fuego.
Por qué esto importa más allá de Corea
La clase política surcoreana no es única al mezclar relaciones personales con poder profesional. Pero la escala de ira pública que genera este escándalo es notable. En una democracia donde la confianza en las instituciones ya es frágil, que un candidato a ministro de Justicia llame «mejor amigo» a un juez en una conversación grabada es precisamente el tipo de momento que erosiona la confianza, no solo hacia una persona, sino hacia el sistema en sí mismo.
Si Kim Seung-won es confirmado pese al escándalo, los críticos argumentarán que los contactos todavía pesan más que la rendición de cuentas en Corea del Sur. Si se lo detiene, el partido gobernante afirmará que la guerra política ha secuestrado un nombramiento legítimo. Cualquiera que sea el resultado, profundiza la polarización que ha definido a la política coreana durante años.
La grabación en sí puede no cambiar ni una sola investigación o condena. Pero lo cambia todo sobre cómo el público ve a quienes supuestamente deben proteger la integridad de esos procesos.