business 6 min de lectura

El salto de crecimiento de Corea está impulsado por chips y algo más

La OCDE acaba de dar a Corea del Sur la mayor revisión al alza de crecimiento en el G20, elevando su previsión para 2026 al 3,7%. Un vistazo a lo que realmente significa el repunte de semiconductores para la economía mundial.

  • ETF apalancado
  • cadena de suministro de semiconductores
  • crecimiento económico
  • semiconductores

El número que debería hacer sentar a Washington

La OCDE acaba de subir la previsión de crecimiento de Corea del Sur para 2026 del 2,6 % al 3,7 %. Se trata de un salto de 1,1 puntos porcentuales, y es el mayor ajuste alcista en todo el G20, con amplia ventaja. India quedó segunda con 0,8 puntos. Japón y Estados Unidos recibieron sendos incrementos modestos de 0,2 puntos.

Lo notable no es solo la magnitud del ajuste. Es lo que ocurre si el número de la OCDE se mantiene. Con un 3,7 %, Corea del Sur crecería más rápido que Estados Unidos por primera vez desde 2022. La comparación es contundente, pero inevitable: un país de 52 millones de habitantes de pronto supera en papel a la mayor economía del mundo. Ese cambio tiene más peso simbólico de lo que la mayoría de los responsables políticos reconoce.

Los semiconductores son el motor, pero la historia es más amplia

La OCDE vinculó explícitamente la revisión al alza con la demanda de semiconductores avanzados. Esa es la lectura superficial, y no es incorrecta. La expansión de la inteligencia artificial ha empujado los precios de las memorias a máximos de varios años. Samsung Electronics y SK Hynix están reportando libros de pedidos que pocos analistas habían previsto hace seis meses. El gobierno citó el crecimiento real del primer semestre de 3,8 % como factor de sustentación. Los datos de exportación han sido consistentemente sólidos.

Pero hay que fijarse en la cronología, y ahí el número importa. La OCDE recortó la previsión para Corea en marzo al 1,7 % y luego la elevó al 2,6 % en junio. Para septiembre ya estaba en 3,7 %. Dos puntos porcentuales enteros de revisión en seis meses es inusual para una economía desarrollada. Señala que algo estructural se está modificando, no simplemente que un dato trimestral haya sorprendido.

El cambio tiene que ver parcialmente con la capacidad. Las fábricas coreanas operan más intensamente que en años. La producción de memorias ya no está sujeta a los mismos cuellos de botella que asolaron al sector durante la baja de 2022. El gasto de capital que se había pausado o diferido ahora fluye hacia proyectos de expansión en Hwaseong e Icheon. Esa inversión misma alimenta el crecimiento del PIB a través de la construcción, el gasto en equipamiento y los servicios relacionados.

La segunda parte de la historia se discute menos. Una recuperación cambiaria, un mercado inmobiliario que se estabiliza y un sector corporativo que por fin genera flujo de caja libre también están contribuyendo. La OCDE señaló una recuperación gradual del consumo privado para el próximo año, y el Banco Asiático de Desarrollo hizo eco de esa visión. El gasto de los consumidores no se ha disparado, pero ha dejado de contraerse. Ese cambio de dirección es significativo para una economía que ha estado anclada en una débil demanda doméstica durante la mayor parte de la década.

La señal de inflación

Hay un detalle que vale la pena vigilar. La OCDE simultáneamente subió la previsión de inflación de Corea del 2,6 % al 3,0 %. Se trata de un ajuste de 0,4 puntos, y no es accesorio. Los precios más altos de la energía y la demanda doméstica más fuerte están empujando el índice de precios al consumidor al alza. El Banco de Corea ha mantenido las tasas estables mientras observa esto de cerca. Si la inflación se sostiene por encima del 3 % durante el próximo año, el banco central podría enfrentar presiones para moverse antes de lo que los mercados esperan actualmente.

El Ministerio de Finanzas calificó el ajuste de inflación como reflejo de la revisión alcista del crecimiento y de los precios más altos de la energía internacional. Ese encuadre es razonable, pero omite un matiz. Las importaciones de energía constituyen un shock de costos para Corea. El crecimiento procedente de las exportaciones de chips es un shock de ingresos. El efecto neto sobre la cuenta corriente depende de qué lado domine. Hasta ahora, el lado de los ingresos ha ganado. Pero una inflación del 3 % es incómodamente alta para un país que importa la mayor parte de su energía y alimentos.

Quién gana, quién pierde

Samsung Electronics y SK Hynix ganan directamente. Su capacidad de generación de ganancias ha sido revisada al alza en prácticamente todos los corredores de Seúl. Los proveedores de equipos, como Samsung Electronics Materials y HDX System SE, obtienen exposición de segundo orden. El won se fortalece frente al dólar, lo cual beneficia a los importadores y perjudica a los exportadores fuera del clúster de semiconductores.

Los fabricantes pequeños y medianos de sectores ajenos a la tecnología sienten la presión. Un won más fuerte y precios domésticos más altos comprimen los márgenes. Los compradores de viviendas enfrentan la misma逆向viento: la inflación creciente y los posibles movimientos de tasas empeoran, no mejoran, la accesibilidad habitacional. La recuperación del mercado inmobiliario sigue siendo frágil y despareja.

Estados Unidos pierde en una comparación relativa, lo cual suena absurdo hasta que uno considera cómo los mercados precifican los diferenciales de crecimiento. Los flujos de cartera tienden a favorecer al que crece más rápido, y el capital extranjero ha estado rotando hacia las acciones coreanas precisamente porque la tesis de los semiconductores ahora está confirmada por una institución multilateral. El yen se ha debilitado aún más frente al dólar mientras el won se mantiene más estable. Esa divergencia importa para los saldos comerciales regionales.

Japón e India ocupan el término medio. El modesto ajuste de 0,2 puntos de Japón refleja un yen que aún arrastra la competitividad exportadora. La revisión más amplia de India es coherente con su motor de demanda doméstica, pero la trayectoria coreana es ahora la que concentra mayor atención de los analistas en el G20.

Los riesgos al baja son reales

El Banco Asiático de Desarrollo señaló tres amenazas: tensión geopolítica, volatilidad de los mercados financieros globales y la posibilidad de aranceles adicionales por parte de Estados Unidos. No son amenazas abstractas. Una escalada en el Estrecho de Taiwán interrumpiría la misma cadena de suministro que actualmente impulsa el crecimiento coreano. El aumento arancelario impactaría directamente los volúmenes de exportación. La volatilidad de los mercados financieros podría revertir los flujos de capital que sostienen al won y a las valoraciones bursátiles.

La previsión de la OCDE para 2027 de 2,6 % implica una desaceleración significativa respecto del pico de este año. No se trata de un colapso, pero sí de una caída pronunciada. Los mercados están precificando continuidad. El riesgo es que la continuidad no se materialice.

Qué sucede a continuación

Si el 3,7 % se materializa, Corea del Sur se convertirá en la economía grande de mayor crecimiento en el mundo desarrollado para 2026. Eso cambia la forma en que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las instituciones regionales clasifican al país. También cambia la manera en que las multinacionales asignan gasto en I&D y capital en el este de Asia.

El Banco de Corea probablemente mantendrá las tasas sin cambios hasta finales del año y actuará con cautela hacia 2027. La propia previsión de julio del gobierno era de 3,0 %, muy por debajo de la OCDE. Estimaciones internas del Instituto Coreano de Desarrollo y del banco central se sitúan entre 3,2 % y 3,3 %. La OCDE es un outlier alcista, y los valores atípicos suelen revisarse a la baja cuando el segundo semestre de el año entregue sus datos.

Lo improbable que cambie es la tesis central: la demanda de semiconductores impulsada por el gasto en infraestructura de IA es real, se está acelerando y Corea del Sur está posicionada en el centro de ella. Ese posicionamiento es lo que obtuvo la mayor revisión del G20. Si se sostiene durante 2027 es la pregunta que todos en Seúl y Washington deberían hacerse.