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La advertencia a 10 años de la OTAN se reduce ahora a pocos años

Una evaluación de inteligencia estadounidense filtrada ha derrumbado el cronograma de la OTAN sobre la agresión rusa, comprimiendo un pronóstico de una década en solo unos pocos años. Los planificadores de defensa europeos se apresuran a adaptarse.

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El reloj ya se aceleró

Durante años, la planificación estratégica de la OTAN se sostuvo en una cómoda premisa: Rusia necesitaría una década o más para reconstruir sus fuerzas convencionales después del desgaste en Ucrania. Ese horizonte se ha desplomado. Una evaluación clasificada de inteligencia estadounidense, que según reportes fue filtrada y dio a conocer primero el Wall Street Journal, sugiere que Moscú podría lanzar un asalto limitado contra un Estado miembro en apenas unos años. No diez. No quince. Años.

La revelación ha sacudido Bruselas y las capitales aliadas, obligando a un examen fundamental de la brecha entre el postureo de la OTAN en tiempos de paz y la economía de guerra de Rusia. La diferencia entre ambos bandos no es solo estructural: es existencial.

Economía de guerra contra lista de compras

Rusia está llevando a cabo una guerra total. Casi el 40 % de su presupuesto federal ya fluye hacia defensa y seguridad, alimentando una cadena de producción que elabora bombas, tanques y misiles de crucero. Los analistas señalan que Rusia puede producir alrededor de mil misiles de crucero, una capacidad que las naciones occidentales luchan por igualar. Mientras tanto, los miembros de la OTAN —con la notable pero insuficiente excepción de Estados Unidos— siguen operando bajo supuestos de tiempo de paz.

Los objetivos actuales de gasto de la alianza, acordados el año pasado, exigen que los miembros destinen el 5 % del PIB anual a defensa para 2035, con al menos el 3,5 % orientado a gasto militar. Los 1,5 puntos porcentuales restantes pueden ir a infraestructura civil —carreteras, puentes, aeropuertos—, algo que varios gobiernos europeos claramente ven como infraestructura vinculada a la defensa. Rusia no está presupuestando aeropuertos. Está presupuestando guerra.

Esta asimetría no se escapa a los funcionarios de la OTAN. El embajador de EE. UU. ante la OTAN, Matt Whitaker, declaró a USA Today que los aliados deben «entrenar como si importara» e invertir en capacidades, no en aspiraciones. Pero traducir palabras en fábricas de armas lleva tiempo, un tiempo que Rusia parece tener en mayorsupply que la OTAN.

La visita de Ratcliffe que desencadenó el pánico

Lo que amplificó la alarma fue la visita sorpresa del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú a finales del mes pasado. Ratcliffe, que según reportes viajaba en un avión militar C-17 rastreable, advirtió a Putin contra atacar territorio de la OTAN y dijo a funcionarios rusos que Moscú estaba perdiendo la guerra en Ucrania y que debía cortar lazos con Irán. La visita generó comparaciones con el viaje previo a la invasión del exdirector de la CIA Nicholas Burns a Moscú en 2021, donde se dieron garantías similares.

El ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radosław Sikorski, fue tajante en redes sociales: «Al parecer, los espías de Putin le dijeron al director de la CIA que no provocaría a la OTAN. Putin le dijo al director de la CIA de Biden que no invadiría Ucrania». La lección de esa época es clara: las garantías verbales de los funcionarios del Kremlin tienen un peso limitado.

Rusia negó cualquier plan de atacar a la OTAN a través del portavoz Dmitry Peskov, calificando esos informes de infundados. El presidente Donald Trump también descartó la posibilidad públicamente. Pero los funcionarios europeos, muchos de los cuales han observado cómo Rusia ha sondeado las fronteras de la OTAN con creciente audacia durante los últimos dos años, permanecen escépticos.

La guerra híbrida ya está en marcha

Lo que hace que este momento sea particularmente alarmante es que Rusia podría ya estar realizando operaciones limitadas contra miembros de la OTAN, cuidadosamente calibradas para mantenerse por debajo del umbral que activaría la cláusula de defensa mutua del Artículo 5.

En Alemania, el mes pasado se descubrieron drones explosivos cerca de un carguero ucraniano en el aeropuerto de Leipzig. El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, calificó públicamente el incidente como parte de un patrón de «operaciones híbridas rusas». En Rumania, un dron naval apareció cerca de una instalación de gas offshore en el Mar Negro, lo que llevó a la presidenta Nicușor Dan a culpar explícitamente a Moscú. En Estonia, las sirenas de ataque aéreo sonaron durante toda la noche del 1 de septiembre tras la entrada de drones en el espacio aéreo del país.

Fiona Hill, que sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional durante la primera administración Trump, argumentó que estos actos constituyen «actos de guerra» incluso si no implican ataques cinéticos tradicionales. «Eso es exactamente lo que Putin quiere», dijo, «porque deja a los demás indefensos y vulnerables».

La ventana de 2028

Varios expertos situaron la probable ventana para un enfrentamiento directo con la OTAN entre 2027 y 2028, asumiendo que los combates en Ucrania se desaceleran lo suficiente como para que Moscú pueda reagruparse. Kurt Volker, representante especial de Trump para Ucrania en su primer mandato, estimó que terminar la guerra en Ucrania le compraría a Rusia de tres a cinco años para reconstruirse.

Michael Kofman, investigador senior en la Fundación Carnegie especializado en guerra rusa, subrayó que Rusia ahora está desplegando formaciones de drones y millones de drones tácticos, capacidades que transforman la forma en que puede llevar a cabo operaciones a pequeña escala pero disruptivas contra miembros de la OTAN. «La reconstrucción militar rusa no es una cuestión de si, sino de cuándo», dijo Kofman.

Las cifras de bajas en Ucrania ilustran tanto la capacidad de Rusia para una guerra prolongada como el costo humano incorporado en sus cálculos. Más de 1,4 millones de soldados rusos han resultado muertos o heridos desde que comenzó la invasión a gran escala en febrero de 2022, según el CSIS. Max Bergmann del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales señaló que la voluntad de Rusia de absorber tales pérdidas es a la vez «repugnante y preocupante», una característica que podría resultar decisiva en cualquier conflicto futuro con la OTAN.

Quién gana, quién pierde

Los ganadores en este reajuste serán las naciones que más rápido conviertan los compromisos de gasto en capacidad de producción. Polonia, los estados bálticos y Finlandia ya han comenzado importantes rearmos militares, pero la OTAN en su conjunto sigue peligrosamente despreparada para el plazo comprimido. Los perdedores serán los estados miembros que sigan tratando el gasto en defensa como un ejercicio presupuestario en lugar de una imperativo estratégico.

El enfoque simultáneo de la administración Trump en Irán —que ha generado preocupaciones sobre escasez de armas— añade otra capa de complejidad. Si Washington queda arrastrado a un segundo conflicto, los aliados europeos enfrentan la perspectiva de defenderse de Rusia principalmente por su cuenta.

El paso de una advertencia de 10 a 15 años a una amenaza medida en años en lugar de décadas lo cambia todo sobre cómo la OTAN planea, financia y lucha. La pregunta ahora es si Europa puede movilizarse lo suficientemente rápido como para cerrar la brecha antes de que Moscú decida que ha llegado el momento.