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La advertencia glacial de Nepal fue ignorada: ahora 82 muertos

Un colapso glacial en la provincia de Bagmati, Nepal, ha cobrado 682 vidas y dejado cerca de 3.000 desaparecidos. Lo que siguen los reporteros de Asia Oriental y las redacciones occidentales pasaron por alto: las advertencias ignoradas, el peligro transfronterizo y lo que esto significa para el desarrollo hidroeléctrico en todo el Himalaya.

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Las montañas no cayeron en silencio: cayeron con tal estruendo que los sismólogos lo sintieron.

El 26 de agosto, un glaciar de 600 metros de ancho y la cara rocosa que lo rodea en Langtang Lirung —un pico de 7.234 metros que se alza en la frontera entre Nepal y China— se deslizaron a una altitud de 5.200 metros. El colapso generó un impacto equivalente a un terremoto de magnitud 5,2, según el análisis citado por Yonhap. Los escombros, mezclados con agua de deshielo y hielo, bajaron a toda velocidad por el río Ridi y luego por la cuenca del río Trishuli, borrando de la superficie aldeas e infraestructura en la provincia de Bagmati, en el centro de Nepal.

Se confirman 682 muertos. Cerca de 3.000 personas desaparecidas. La cifra de fallecidos subió más de 100 en un solo día mientras se recuperaban cuerpos de laderas empapadas en toda Bagmati. Quinientos cincuenta y cuatro de los desaparecidos se encuentran en el condado de Joglung, en el Tíbet bajo administración china, donde un deslizamiento también creó una represa natural que, según reportó CCTV, descendió 10 metros desde su nivel máximo, aunque funcionarios nepalíes advierten que aún representa la amenaza de una inundación secundaria hasta que drena por completo.

Lo que resulta llamativo de este desastre —y lo que la cobertura en inglés fuera de la región ha tardado en conectar— no es solo la escala de la catástrofe, sino el patrón que representa. El Himalaya se está desestabilizando. Y las personas que construyen proyectos hidroeléctricos a su sombra podrían ser las próximas en pagar el precio.

Las señales de advertencia estaban ahí.

Las inundaciones por rotura de lagos glaciares, o GLOF por sus siglas en inglés, están entre los riesgos climáticos mejor documentados en la región del Himalaya. El Banco Mundial y los organismos meteorológicos regionales han señalado la rápida expansión de lagos glaciares en Nepal desde la década de 1990. El Parque Nacional Langtang, donde ocurrió el colapso, era una zona de peligro conocida: el alud de glaciar desencadenado por el terremoto de 2015, que mató a 228 excursionistas, había sido un evento precursor que debería haber agudizado el escrutinio sobre la estabilidad de la zona.

La propia Autoridad de Gestión de Desastres de Nepal ha publicado mapas que identifican cientos de lagos glaciares potencialmente peligrosos. La cuenca alta del Trishuli se encuentra precisamente en uno de los corredores de mayor riesgo. Y aun así, el proyecto hidroeléctrico Upper Trishuli UT-1 —en construcción allí— avanzó sin lo que ingenieros independientes calificarían como monitoreo aguas arriba adecuado.

Esto no es una acusación exclusiva de los constructores. Es una acusación contra una región, y contra una comunidad inversora global, que trata la geología del Himalaya como un riesgo de fondo en lugar de un objetivo móvil. Cuando un glaciar del tamaño de seis campos de fútbol se desprende, no le importan tus contratos de compra de energía.

Quiénes están atrapados, y por qué avanza con torpeza el rescate.

El proveedor de electricidad de Nepal confirmó que 11 plantas hidroeléctricas que suman 431,1 megavatios —aproximadamente el 10 por ciento de la capacidad instalada del país— han sido clausuradas. Noventa y tres trabajadores en esas instalaciones están desaparecidos. Solo en el sitio del proyecto Upper Trishuli UT-1, funcionarios locales calculan que más de 100 personas están atrapadas dentro de túneles llenos de lodo de 1,2 a 1,5 metros de profundidad. Los helicópteros no pueden aterrizar en número suficiente porque el terreno está devastado y el clima sigue siendo hostil.

Entre los desaparecidos hay nueve sudcoreanos: seis empleados de Doosan Enerbility y tres de Korea South Power, ambas con contratos en el proyecto UT-1. El presidente del grupo Doosan, Park Jeong-won, llegó a Nepal el 29 de agosto para supervisar directamente las operaciones de rescate. El gobierno de Corea del Sur envió un equipo conjunto de respuesta rápida adicional de nueve personas, elevando el total desplegado a 20, y utilizó su primer helicóptero operado por el Estado para misiones de búsqueda, aunque las restricciones de las autoridades nepalíes sobre operaciones de vuelo han limitado su alcance.

Más de 500 extranjeros de aproximadamente 30 países, incluyendo India y Estados Unidos, están entre los desaparecidos. Su presencia refleja tanto el atractivo turístico del corredor del Trishuli como la creciente cantidad de proyectos de infraestructura diseñados por extranjeros en los pronunciados valles fluviales de Nepal.

La dimensión transfronteriza que las redacciones occidentales pasan por alto.

La inundación no respeta la frontera entre Nepal y China. El mismo flujo de escombros que devastó la provincia de Bagmati se originó en la ladera tibetana y viajó hacia el sur. Mientras tanto, la represa natural que se forma en el condado de Joglung, en la Región Autónoma del Tíbet (Xizang), se encuentra sobre los mismos sistemas fluviales que alimentan aguas abajo hacia Nepal. Si esa represa falla —y funcionarios nepalíes dicen que sigue siendo una amenaza—, la inundación secundaria golpearía áreas ya debilitadas por el desastre inicial.

Los medios estatales chinos han reportado sobre el descenso del nivel de agua en la represa natural. Lo que no ha reportado es si existían estaciones de monitoreo aguas arriba, o si existen protocolos de alerta temprana entre el Tíbet y Nepal para exactamente este tipo de eventos glaciares transfronterizos. Las autoridades nepalíesas claramente no confían en que China comparta datos en tiempo real, y esa brecha cuesta vidas humanas.

La señal climática.

Este es el tercer año consecutivo que el Himalaya produce eventos catastróficos de aludes glaciares. En 2023, un lago glaciar reventó en Uttarakhand, India, matando a más de 200 personas. En 2024, eventos similares desplazaron a comunidades en Bután y Arunachal Pradesh. El patrón es consistente con lo que los científicos del clima han predicho durante mucho tiempo: el calentamiento a las elevaciones del Himalaya es aproximadamente el doble del promedio global, y el deshielo del permafrost está desestabilizando laderas que se habían mantenido firmes durante milenios.

El gobierno de Nepal ha enmarcado este desastre como una tragedia climática. Pero también lo es, inevitablemente, una tragedia del desarrollo. El país está impulsando una expansión agresiva de la hidroenergía —más de 3.000 MW solo en proyectos propuestos—, frecuentemente en los mismos valles frágiles donde las amenazas glaciares se intensifican. Inversores extranjeros, incluidos los conglomerados coreanos, están entre los financiadores principales. La economía de la hidroelectricía barata del Himalaya es convincente. La evaluación de riesgos no ha logrado seguir el ritmo.

Qué sucede después.

La crisis inmediata es el rescate. Pero el balance a largo plazo involucrará tres preguntas: ¿quién es responsable cuando un proyecto se asienta en una zona conocida de peligro glaciar? ¿Cómo coordinarán Nepal y China las alertas tempranas transfronterizas, o cada lado esperará la próxima catástrofe? ¿Y qué significa todo esto para los cientos de proyectos hidroeléctricos que actualmente están en construcción o en planificación en toda la región?

UNICEF informa que 18 escuelas han sido destruidas y 10 dañadas en la provincia de Bagmati, afectando a 10.000 niños en edad escolar. La infraestructura humana de esta región —escuelas, carreteras, líneas eléctricas, puentes— fue construida para un clima que ya no existe. Reconstruirla para el siguiente requiere admitir que la última advertencia no fue lo suficientemente fuerte.

El glaciar no colapsó por una mala ingeniería. Colapsó porque la montaña está cambiando más rápido de lo que cualquiera esperaba, y todos los que apuestan sobre el Himalaya dieron por sentado que se mantendría igual.