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Por qué el regreso de Lee Chang-dong a Venecia importa más que un León de Plata

Veinticuatro años después de que Oasis arrasaran en Venecia, Lee Chang-dong regresa con Possible Loves, un drama producido por Netflix sobre el trabajo que podría cambiar la forma en que la industria ve la trayectoria de las galas del cine coreano.

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El largo silencio se rompe

Veinticuatro años. Ese fue el tiempo que la alfombra roja de Venecia esperó a Lee Chang-dong.

Su película Oasis (2002) no solo ingresó a la Competencia Internacional, sino que se llevó el León de Plata al Mejor Director, un premio que impulsó a Moon So-ri al galardón de Mejor Actriz Revelación y anunció a Europa que el cine coreano tenía una voz que se negaba a suavizar sus aristas. Después de eso, Lee regresó a Corea y rodó tres películas más en dieciséis años: Secret Sunshine (2007), Poetry (2010) y Dr. Ahn (2018). Ninguna llegó al escenario más feroz de Venecia.

Este año, Possible Loves llega no como curiosidad, sino como contendiente. Es la duodécima película coreana seleccionada para la competencia de Venecia y el segundo año consecutivo en que un filme coreano ocupa ese lugar, tras A Hard Day de Park Chan-wook el septiembre pasado. El vacío de doce años entre 2012 —cuando Kim Ki-duk ganó el León de Oro por Pietà— y 2023 no fue silencio por parte de Corea. Fue silencio de Venecia misma, un festival que una vez fue el guardián europeo del cine coreano pero que luego derivó hacia otro lado, atraído por comedias de autor y prestigio en lengua francesa.

Qué es realmente Possible Loves

La película sigue a una pareja casada, ambos despedidos de una gran corporación, cuyas vidas se cruzan con las de otra pareja: documentalistas que comienzan a filmar su historia. Jeon Do-yeon y Seol Kyung-gu interpretan a los despedidos; Jo Yeo-jeong y Jo In-sung, a los documentales. La premisa suena engañosamente simple: una crisis laboral coreana reflejada a través de la lente de otro acto de mirar. Pero Lee nunca ha sido un director que permite que lo sencillo permanezca tal.

El material es producido por Netflix, algo que importa más de lo que los programadores de festivales admitirán públicamente. Venecia ha desarrollado un patrón con el streamer: Roma de Alfonso Cuarón ganó el León de Oro en 2018, y el año pasado el festival programó tres títulos de Netflix en competencia. La relación es complicada —Venecia ha reprendido públicamente las prácticas de estreno en cines de Netflix—, pero la alineación artística es genuina. Las películas de Lee siempre han tratado la emoción humana como una fuerza estructural, no como adorno. Possible Loves aborda el despido, la precariedad y la ética de la representación de maneras que resultan urgentes sin ser panfletarias. Esa es precisamente la zona donde vive el gusto de Venecia.

La competencia es despiadada

La cartelera de Venecia 2026 parece un directorio de gravitas festivalera. Danny Boyle estrena con Ink, un biopic sobre el magnate de los medios Rupert Murdoch, con Guy Pearce como protagonista. Hirokazu Kore-eda adapta su propio manga Look Back. Werner Herzog monta Vengeance Is Most Always Mine con Rooney Mara y Kate Mara como hermanas. Nanni Moretti regresa a su festival natal después de treinta y siete años con Three Days in August. Martin McDonagh, recién premiado dos veces en años recientes por su guion en Venecia, presenta The Nine Lives. Céline Sciamma dirige una nueva película, y Florian Zeller entrega Bunker, un drama psicológico con Javier Bardem y Penélope Cruz como una pareja real.

En comparación, Possible Loves ingresa como la única película coreana en competencia —y una que no trata trauma histórico, añoranza diaspórica ni ese tipo de duelo que atraviesa con facilidad las barreras lingüísticas. Habla de la cultura laboral surcoreana, la reestructuración corporativa y la violencia íntima de ver cómo tu vida se convierte en el material de otro. Eso es un riesgo. También es el punto.

La ecuación de los Oscar

Venecia se ha convertido en uno de los predictores más confiables del momentum hacia los premios de la Academia. The Shape of Water se llevó el León de Oro y el Óscar a Mejor Película. Nomadland hizo lo mismo. Joker, que ganó el máximo premio de Venecia, se transformó en un punto de inflexión cultural que reconfiguró cómo los estudios abordan los estrenos de temporada de premios. La conexión no es mecánica —muchos ganadores del León de Oro se desvanecen en la irrelevancia osariana—, pero el calendario de septiembre del festival les da a las campañas una pista de despegue que el cronograma tardío de Cannes no puede igualar.

Aquí es donde el factor Netflix corta por dos lados. La infraestructura de premios del streamer es incomparable: gasta más en campañas osarianas que la mayoría de los estudios, tiene relaciones con el brazo votante de la Academia y aprendió hace años que Venecia es la mejor plataforma de lanzamiento. Pero los programadores de Venecia también se han vuelto protectores de su independencia editorial, recelosos de ser percibidos como un canal de mercadeo de Netflix. Possible Loves aterriza en el espacio incómodo entre esas dos verdades.

Quién gana, quién pierde

Jeon Do-yeon tiene cincuenta y cuatro años y ha ganado el premio a la Mejor Actriz en Venecia una vez antes —por Secret Sunshine de Lee, también en 2007. Una segunda victoria la convertiría en la segunda actriz coreana en alzarse con el trofeo, uniéndose a Lee Jung-jin por Oasis. Su ventaja en campaña es enorme: cuenta con el afecto del festival, el pedigree del director y un rol construido alrededor de la interioridad más que de la trama. Si Possible Loves es algún indicio de la dirección de Lee, la actuación será lo bastante contenida como para sentirse descubierta, no representada.

Seol Kyung-gu, mientras tanto, interpreta al esposo cuya identidad se desmorona junto con su sustento. Es un rol más pequeño por diseño —y eso podría jugar en su contra. Venecia prefiere transformaciones a presencia.

Las pérdidas son menos visibles pero reales. El cine coreano ha pasado dos décadas enseñando al mundo que puede manejar el duelo, la violencia y la historia con precisión formal. Possible Loves pregunta si ese permiso se extiende a las humillaciones mundanas del capitalismo en etapa tardía. Si la película cala, amplía la definición de qué historias coreanas pertenecen al conversation global. Si flaquea, regresará la suposición de que la fortaleza del cine coreano reside en el género y el trauma, no en la erosión lenta de la vida ordinaria.

Qué significa esto

El significado más profundo del regreso de Lee a Venecia no tiene que ver con premios. Tiene que ver con el timing.

El cine coreano está en un punto de inflexión estructural. El efecto Bong Joon-ho —Parasite ganando la Palma de Oro y el Óscar a Mejor Película en 2019— creó la ilusión de que el cine asiático había traspasado la puerta de Hollywood. Lo había logrado, pero solo para un tipo específico de historia: sátira de clases envuelta en pulido de género, accesible sin diluirse. Lee Chang-dong representa la corriente opuesta: películas que exigen atención, resisten la traducción y tratan la ambigüedad como el punto central. Nunca ha perseguido la accesibilidad. Possible Loves tampoco parece hacerlo.

Que un director de su sensibilidad, rodando una película sobre el desplazamiento laboral coreano, pueda estrenar en Venecia en 2026 en lugar de ser condenado a un lanzamiento teatral limitado en Seúl y una liberación en streaming seis meses después, es en sí mismo una señal. Significa que el ecosistema festivalero europeo todavía cree que hay espacio para un arte coreano que no表演a su asiaticidad para el consumo occidental. Significa que Netflix todavía considera que Venecia vale la fricción. Significa que el cine coreano ya no se trata como una curiosidad regional, sino como una corriente del cine mundial.

El festival clausura el 12 de septiembre. El León de Oro será otorgado. Cualquiera sea el resultado, el regreso de Lee Chang-dong a Venecia después de veinticuatro años confirma algo que la última década del cine coreano debería haber zanjado hace tiempo: la conversación sobre el cine asiático y el prestigio global ya no versa sobre si Corea pertenece a la mesa. Se trata de qué tipo de mesa va a transformar.

Los números detrás del momento

Doce películas coreanas han competido en Venecia desde 1987. Solo cuatro directores han sido invitados dos veces: Im Kwon-taek, Kim Ki-duk, Park Chan-wook y ahora Lee Chang-dong. Solo dos películas coreanas han ganado el León de Oro: Pietà de Kim en 2012, y antes de esa, ninguna. El último ganador del León de Oro que también ganó Mejor Película en los Oscar fue Nomadland en 2020 —hace seis años. La última película coreana nominada a Mejor Película en los Oscar sigue siendo Parasite, también de 2019. La distancia estadística entre el León de Plata de Lee en 2002 y un posible León de Oro este año es de cuarenta y cuatro años. La distancia cultural es mucho más corta.