La Revuelta Estudiantil en Serbia Sacude los Balcanes
Una coalición liderada por estudiantes ha derrocado al partido gobernante de Serbia tras 14 años en un histórico revés electoral — una derrota tanto para el control del poder de Vučić como para la influencia de Moscú en los Balcanes. Lo que viene después para la política exterior de Belgrado sigue siendo incierto.
Una coalición estudiantil pone fin a catorce años de gobierno de Vucic
Las elecciones de Serbia del 25 de octubre arrojaron un resultado que pocos fuera de la capital habían anticipado con total claridad. La Lista Estudiantil —una coalición de profesores universitarios, ex deportistas y jóvenes activistas organizada tras el colapso mortífero de una infraestructura— se llevó una mayoría de aproximadamente 140 escaños de 250 en la Asamblea Nacional. El Partido Progresista de Serbia de Aleksandar Vucic, que gobierna desde 2012, reconoció su derrota.
Vucic, quien ejerció como primer ministro desde 2014 antes de convertirse en presidente en 2017, reconoció la derrota en términos directos. «Ha sido una noche difícil para muchas personas», dijo. «A partir de ahora, mostraremos nuestra fortaleza como oposición».
La tasa de participación del 68,76 % sugería un electorado que no había perdido el hábito de votar, sino que se había cansado del statu quo. Las organizaciones observadoras confirmaron a altas horas de la noche del 25 que la mayoría de la Lista Estudiantil era segura. Radomir Saitich, profesor de la Universidad de Belgrado y candidato de la nueva coalición, la calificó como «la victoria del pueblo» y añadió: «Serbia ha demostrado que el cambio es posible».
Cómo el derrumbe de un tejado derribó a un gobierno
La cadena de acontecimientos que condujo a este resultado comenzó en 2024, cuando el techo de una estación de ferrocarril en Novi Sad, al norte de Serbia, se desplomó durante una tormenta de lluvia y dejó 16 muertos. Las investigaciones señalaron hacia una corrupción sistémica y una supervisión degradada de las infraestructuras. Lo que siguió fueron protestas sostenidas, lideradas inicialmente por estudiantes y luego acompañadas por un amplio sector público que había perdido la paciencia ante lo que percibía como décadas de captura del Estado.
La Lista Estudiantil se formó como respuesta directa. Sus candidatos fueron elegidos deliberadamente por sus credenciales técnicas, no por sus perfiles políticos —profesores universitarios, ingenieros y figuras deportivas retiradas—. Su plataforma se centró de forma estricta en medidas anticorrupción y reforma judicial. Esa sencillez resultó ser su mayor fortaleza. Los votantes que durante mucho tiempo se sintieron sin representación por parte de los partidos de oposición tradicionales encontraron un vehículo que hablaba su idioma, sin la carga de viejas rencillas políticas.
La cuestión rusa planea sobre todo
La Serbia de Vucic ocupaba una posición peculiar en la geopolítica de la región. En público, su gobierno apoyaba la adhesión a la UE y criticaba la invasión rusa de Ucrania. En la práctica, Serbia continuó comprando la inmensa mayoría de su gas natural a Rusia y no se sumó a las sanciones occidentales contra Moscú. El realpolitik de Vucic priorizó la seguridad energética y la continuidad económica por encima de la alineación ideológica.
Ese arreglo ahora está en cuestión. La Lista Estudiantil ha señalado que tampoco se sumará a las sanciones contra Rusia, una postura coherente con la opinión pública en Serbia, donde la simpatía por los suministros energéticos rusos hunde sus raíces y el apoyo a la OTAN sigue siendo bajo. Pero el nuevo gobierno no ha ofrecido ningún plan detallado de política exterior. Euronews señaló que la diplomacia de Belgrado «puede entrar en una nueva fase» y que la administración enfrentará desafíos inmediatos.
Para Moscú, la pérdida tiene consecuencias. Vucic era uno de los últimos alineamientos prorrusos duraderos en los Balcanes. El húngaro Viktor Orbán perdió su cargo en las elecciones parlamentarias de abril. La derrota de Serbia elimina a otro aliado estratégico. Vladimir Putin ahora se enfrenta a una región donde los dos últimos aliados confiables en Europa Central y Sudoriental han sufrido sendas derrotas electorales.
Qué significa esto para la ampliación de la UE
Serbia es país candidato a la membresía de la UE desde 2012, pero ha avanzado de manera irregular en las reformas requeridas. El bloqueo de Bulgaria y, posteriormente, de otros Estados miembros por disputas bilaterales y preocupaciones sobre el Estado de derecho ha frenado las negociaciones. Un gobierno próccio-occidental en Belgrado podría reavivar el proceso, o bien podría exponer cuán profundamente impopular sigue siendo la adhesión a la UE entre ciertos sectores del electorado serbio que ven en la Unión un instrumento de interferencia extranjera.
La victoria de la Lista Estudiantil no se traduce automáticamente en negociaciones de adhesión aceleradas. La UE querrá ver pruebas de independencia judicial, libertad de medios y aplicación de medidas anticorrupción antes de comprometer más recursos. Esas son exactamente las reformas que el nuevo gobierno ha prometido —pero las promesas en Belgrado han resultado baratas antes.
Quiénes ganan y quiénes pierden
Los estudiantes ganan credibilidad que nunca tuvieron en la política formal. La complexe industrial-militar que se benefició de los contratos de la era Vucic pierde su paraguas protector. Rusia pierde su balcón más confiable en los Balcanes Occidentales. La UE gana un posible socio, pero hereda un gobierno sin una hoja de ruta clara para navegar entre la dependencia energética de Moscú y las exigencias geopolíticas de Bruselas.
La dinámica étnica de Serbia añade otra capa de complejidad. El Partido Democrático Serbio en Republika Srpska, Bosnia y Herzegovina, ve a Belgrado como su principal patrón. Cualquier cambio en la política exterior de Serbia será observado de cerca por Milorad Dodik y sus aliados, quienes han utilizado el respaldo diplomático de Serbia para impulsar su propia agenda separatista. La Lista Estudiantil deberá decidir si continúa con ese apoyo o se distancia: una elección que podría redibujar el mapa de la inestabilidad balcánica.
Las semanas que vienen
El nuevo gobierno debe formar un gabinete, navegar una economía que aún depende del gas ruso y enfrentar las expectativas de un público que votó por el cambio pero podría volverse impaciente si las reformas se estancan. La oposición pondrá a prueba su nuevo rol mientras el partido que gobernaba aprende a hacerlo de otra manera. Los socios internacionales medirán las palabras contra los hechos.
Lo que ocurrió en Belgrado el 25 de octubre no fue simplemente un cambio de administración. Fue una ruptura generacional que altera la geometría de la influencia en una región donde grandes potencias han competido durante décadas. Si la Lista Estudiantil podrá mantener esa ventaja sigue siendo la pregunta que ningún encuestador puede responder todavía.