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Corea del Sur Escapa de la Trampa del PNB de $30.000 — ¿Pero a Qué Costo?

El PNB per cápita de Corea del Sur superó los $30.000 por primera vez en 12 años, impulsado por un boom de precios de semiconductores y un won más fuerte. Pero el aumento de ingresos no ha llegado a los hogares, y las bajas tasas de natalidad podrían revertir esta ganancia.

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La cifra que importa

El ingreso nacional bruto (INB) per cápita de Corea del Sur acabó de superar los 30 000 dólares por primera vez en 12 años. El titular suena a triunfo —y en un sentido estricto, lo es—, pero la mecánica detrás del salto cuenta una historia mucho más compleja que un simple hito de ingresos, y los propios economistas del país están divididos sobre si esto señala un giro duradero o un repunte transitorio que se disolverá tan rápido como llegó.

Qué empujó realmente al INB hasta superarlo

El motor no es el crecimiento de la productividad, ni el aumento salarial, ni una expansión generalizada de la demanda doméstica. Son dos cosas: un boom de precios de las exportaciones de semiconductores y un won más fuerte.

El INB real en el segundo trimestre subió 3,1 % intertrimestral, aproximadamente cinco veces el ritmo del crecimiento del PIB real, que fue del 0,6 %. En base anual, el aumento fue del 15,6 %: el ritmo más rápido desde el cuarto trimestre de 1988. La brecha entre el INB y el PIB lo dice todo: esto es lo que importa. El INB mide los ingresos a los que las familias realmente tienen acceso, incluyendo lo que el país obtiene del exterior. Cuando los precios de las exportaciones suben más rápido que los de las importaciones, el componente de las condiciones comerciales eleva el INB aunque el volumen físico del comercio se mantenga plano.

La demanda impulsada por la inteligencia artificial ha disparado los precios de los semiconductores. El aumento del deflactor de las exportaciones de Corea superó con holgura al del deflactor de las importaciones, lo que significa que el mismo volumen de envíos de chips ahora compra significativamente más bienes extranjeros. Al mismo tiempo, la apreciación del won incrementó el valor en dólares de esos ingresos. La combinación empujó la meta de 2028 para que el INB per cápita超pasara los 40 000 dólares hacia adelante aproximadamente dos años, y revitalizó las perspectivas de que Corea recuperara la ventaja per cápita sobre Japón, que perdió el año pasado.

El problema familiar

Aquí es donde el cuadro se fractura. El aumento nominal del PIB en el segundo trimestre del 26,4 % fue casi enteramente un fenómeno de exportaciones. El deflactor doméstico —el indicador de la presión de precios interna— subió apenas 3,6 %, una dieciseisava parte del incremento del deflactor de las exportaciones. Los precios no subieron de forma generalizada. Subieron donde se asientan los semiconductores.

Esa concentración se refleja en los números que importan para los coreanos comunes. El consumo privado creció apenas un 0,4 % intertrimestral en el segundo trimestre. El consumo gubernamental sumó 0,1 %. Los beneficios corporativos, medidos como excedente operativo total, se dispararon un 18,5 %: la lectura más sólida desde que comenzaron los reportes trimestrales en 2010. Mientras tanto, la compensación a los empleados subió solo 1,9 %. Los salarios no van al ritmo de los ingresos corporativos, y la brecha se amplía.

Los hogares están absorbiendo la asimetría ahorrando. La tasa de ahorro agregada saltó 3,9 puntos porcentuales hasta el 45,6 %, el nivel más alto desde que se llevan registros en 1970. Ahorrar no es inherentemente malo, pero un repunte de esta magnitud junto con un consumo tibia indica que la gente no se siente lo suficientemente rica para gastar. La bonanza de los semiconductores aún no ha llegado a sus cheques de pago.

Dos bancos centrales, un país

El Policy Bank of Korea y el Korea Development Institute —las dos instituciones de investigación más influyentes del país— leen los mismos datos a través de lentes diferentes.

El Policy Bank ve acumulándose externalizaciones en manufactura y servicios. Espera que los beneficios corporativos fluyan hacia los hogares a través de los pagos de impuestos de otoño, dividendos y bonos por desempeño, lo que debería impulsar el consumo y sostener una proyección de crecimiento del 3,3 % para el año. La lógica es sólida en principio: el crecimiento liderado por beneficios eventualmente se filtra hacia abajo, particularmente cuando los balances corporativos son fuertes y las políticas de pago cambian.

El KDI está menos convencido. Reconoce el repunte de las exportaciones y la inversión en equipo, pero señala que el crecimiento real de los salarios en la primera mitad del año fue solo del 0,3 %. Desde su perspectiva, la mejora en los ingresos sigue confinada a los sectores de exportación y no se ha difundido por toda la economía. Recortó su proyección de crecimiento a 3,2 %, una diferencia de una décima de punto porcentual que no obstante capta un desacuerdo significativo sobre la durabilidad de la recuperación.

La brecha de inversión

Hay otra capa en el rompecabezas. La inversión total cayó de 25,3 % del PIB a 24,2 % en el segundo trimestre: la proporción más baja en 51 años. Parte de esto es mecánico: cuando los ingresos crecen más rápido que la inversión, la relación inversión-ingresos cae. No es necesariamente un signo de colapso en la confianza empresarial.

Pero si el crecimiento de los beneficios corporativos no se traduce en inversión doméstica en equipo o ganancias de productividad, entonces el boom de los semiconductores no deja ningún legado estructural. Cuando los precios de los chips se normalicen, no habría nueva capacidad ni ganancias de eficiencia que sostengan el crecimiento. La economía simplemente retrocedería al nivel base que ocupaba antes del aumento de precios —y ese nivel base, como demuestra un estancamiento de 12 años en 30 000 dólares, no es alentador.

La sombra demográfica

Cada análisis de la economía de Corea que se detiene en el ciclo de los semiconductores es incompleto. El factor estructural más importante se yergue por encima de cualquier choque en las condiciones comerciales: la tasa de natalidad de Corea, la más baja del mundo, y una población envejecida que se acelera más rápido que casi cualquier otra economía avanzada.

Una fuerza laboral que se encoge y envejece deprime el crecimiento potencial al reducir la oferta laboral e incrementar la relación de dependencia. También suprime la demanda doméstica: menos hogares significa menos compras, menos constructores, menos escuelas y un mercado inmobiliario comercial más débil. Nada de esto se revierte con un pico en los precios de los chips. De hecho, el declive demográfico hace que la economía sea más vulnerable a choques externos, porque hay menos holgura doméstica para absorberlos.

Por eso la advertencia en el material de origen —de que, sin abordar las bajas tasas de natalidad y otros factores de estancamiento estructural, el ingreso per cápita podría retroceder— tiene más peso que el titular de los 30 000 dólares. El mismo patrón es visible en toda Asia Oriental. Taiwán ya superó los 40 000 dólares de INB per cápita y crece más rápido, pero enfrenta sus propias vientos demográficos en contra. Japón cruzó el umbral décadas atrás y ha pasado los años intermedios demostrando que el arrastre demográfico puede moler incluso una economía rica hasta la estancación. Corea observa a ambos vecinos y se le acaba el tiempo.

Quiénes ganan, quiénes pierden, qué sigue

Los ganadores en este episodio son claros: las compañías de semiconductores, las firmas orientadas a la exportación y los accionistas. Los ganadores a largo plazo dependerán de si el impulso temporal de los ingresos se convierte en inversión productiva y crecimiento salarial generalizado. Si no lo es, los perdedores serán todos los que vean desaparecer nuevamente la cifra de 30 000 dólares cuando el ciclo de los chips gire y la demografía reafirme su peso.

La implicación política es clara. Los ingresos tributarios adicionales generados por el boom de los semiconductores compran tiempo, pero solo si ese tiempo se usa para elevar el crecimiento potencial en lugar de simplemente postergar el enfrentamiento con el declive estructural. Eso significa políticas que expandan la fuerza laboral —reforma migratoria, participación laboral femenina, infraestructura de cuidado infantil— y políticas que eleven la productividad —educación, incentivos a la innovación, modernización regulatoria—.

El INB per cápita de Corea superando los 30 000 dólares es real. También es frágil. La economía que produjo esta cifra no es la economía que podrá sostenerla.