Los escritorios vacíos de la escuela al-Mughayyir
Los padres palestines están reforzando las escuelas con alambre de púas y estacionando ambulancias en los recintos porque colonos, a menudo protegidos por soldados israelíes, disparan contra niños. Tres escritorios en una escuela de Cisjordania permanecen permanentemente vacíos.
Tres pupitres que permanecen vacíos
En la escuela de niños de Al-Mughayyir, en la Cisjordania ocupada, tres pupitres permanecen sin uso el primer día del año académico. Los niños que deberían ocuparlos fueron asesinados a disparos esta primavera —uno de ellos, Aws al-Naasan, de catorce años, murió a causa de una bala lanzada por un colonizador fuera de las puertas de la escuela en abril.
El director, Bassam al-Assaf, llegó antes del amanecer para caminar junto a la valla de alambre de púas recién instalada y los refuerzos en los portones escolares. Ahora las ambulancias esperan en la carretera exterior. Los padres se ofrecen voluntarios para permanecer en la entrada durante todo el día. Los docentes ejercitan a los estudiantes sobre lo que no deben hacer cuando aparecen soldados o colonizadores: no gritar, no acercarse, no reaccionar.
Esta no es una preparación de seguridad rutinaria. Es la militarización de un espacio educativo: una escuela de aldea transformada en fortaleza porque el campo circundante se ha convertido en una zona de tiroteo.
¿A quién protege quién
El detalle más trascendente de esta historia permanece apenas bajo la superficie. Hadi al-Naasan, conductor de ambulancia en al-Mughayyir, me dijo algo que cambia por completo cómo leer toda la situación: a principios de 2025, los ataques de los colonizadores eran escasos porque el ejército intervenía. Para 2026, afirmó, “los colonizadores quedaron totalmente protegidos por los soldados de la ocupación”.
El profesor de inglés, Waheed Abu Naem, presenció este desenvolvimiento en carne propia. En abril, estaba dentro de su aula cuando dos estudiantes corrieron a advertirle que los colonizadores se acercaban al muro de la escuela. Se dirigió hacia la puerta para introducir a los niños. Un soldado de reserva disparó. Aws al-Naasan murió. Las balas continuaron golpeando el edificio escolar mientras los estudiantes se ocultaban tras los muros del aula o se tiraban al suelo.
El ejército israelí afirmó que se habían lanzado piedras contra un vehículo que transportaba civiles, entre ellos un soldado de reserva. Los medios israelíes informaron que el soldado fue suspendido y que se abrió una investigación. Ninguno de los dos desenlaces ha llenado los tres pupitres vacíos.
El consejo regional de colonizadores confirmó que detuvieron a un soldado fuera de servicio por sospecha de participación en el tiroteo contra el hijo de nueve años de Sami Abu Rahma, Salim, quien fue herido mientras jugaba en la granja familiar de ovejas en julio. Pero la detención llegó después de que la bala ya estuviera alojada en el brazo del niño.
La estrategia detrás de los disparos
Una Comisión de Investigación de las Naciones Unidas publicó en junio un informe que concluyó que los ataques de los colonizadores han “instrumentalizado a los niños como parte de una estrategia coercitiva más amplia para desplazar a los palestinos de sus tierras”. El reporte describió un patrón según el cual los colonizadores atacan intencionalmente a niños palestinos mientras juegan cerca de sus hogares, caminan hacia la escuela, cuidan granjas o pastorean ganado —convertindo espacios cotidianos en escenarios de miedo.
Israel desestimó el informe como una “farsa difamatoria”. Pero los números cuentan una historia diferente. Las cifras de la ONU muestran que los palestinos heridos durante ataques de colonizadores alcanzaron un promedio de tres por día este año. Desde principios de 2025, la ONU ha registrado 316 palestinos muertos y más de 5.600 heridos por fuerzas israelíes o colonizadores en Cisjordania hasta julio de 2026. Veinte israelíes murieron en el mismo período.
Sami Abu Rahma es el último granjero de ovejas que queda en su zona. A los demás los expulsaron a forcejeo. El colonizador que disparó a su hijo vivía en un asentamiento ilegal que apareció junto a la granja en junio —y anteriormente había disparado contra Salim en la misma área, una semana antes. “Ya uno no siente que pueda mantenerlos a salvo en la calle, ni siquiera en la escuela”, dijo Sami. “¿Qué haces cuando los colonizadores empiezan a dispararle a tus hijos?”
El silencio en el extranjero
Esto es lo que casi nunca se pregunta la cobertura en inglés de esta crisis: ¿por qué el mundo reacciona de manera distinta ante la violencia escolar dependiendo de quién está disparando?
Cuando niños son asesinados en tiroteos masivos en Estados Unidos, la respuesta es inmediata y global. Cuando escueolas son bombardeadas en Ucrania, la indignación es sostenida. Cuando niños palestinos son atacados a balazos en escuelas de Cisjordania por colonizadores que operan con lo que testigos describen como protección militar, la reacción es notablemente contenida: una declaración de prensa aquí, un comunicado allá, y luego silencio.
Se espera que el Reino Unido anuncie sanciones esta semana en respuesta a las políticas israelíes de asentamientos. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha atribuido la violencia de los colonizadores a una pequeña minoría extremista, calificándolos como “150 delincuentes juveniles”. El Ministerio de Finanzas impulsó esta semana planes para tomar el registro de tierras en Cisjordania y Jerusalén Oriental —descrito por el monitor de asentamientos israelí Peace Now como “un paso claro hacia la anexión”. Las elecciones israelíes están a menos de dos meses.
El gobierno de Netanyahu enfrenta creciente presión internacional. Pero la presión no ha detenido los ataques. Las detenciones no han tranquilizado a las familias. Los planes para desmantelar asentamientos ilegales no han prosperado —los asentamientos demolidos se reconstruyen con rapidez.
Qué sigue
Al-Mughayyir no es una anomalía. Es un patrón que se despliega por toda la Cisjordania ocupada: más asentamientos colonizadores ilegales rodeando aldeas palestinas, más protección a los colonizadores por parte de las fuerzas israelíes, y ataques que se mueven de granjas y tierras de pastoreo hacia áreas consolidadas donde mujeres y niños corren mayor riesgo.
Los niños de la escuela de Al-Mughayyir ahora escuchan las mismas instrucciones repetirse a lo largo del día. Aprenden pronto que la seguridad requiere encogerte: no correr, no gritar, no reaccionar. Los adultos comprenden mejor la gravedad, lo cual es quizá por eso son ellos quienes permanecen de guardia en los portones.
Haroon Bishara, cuyos hijos están en primer y segundo grado, dijo que acude a la escuela todos los días porque esto hace sentir a los niños que sus padres están con ellos. “Este año tememos más por nuestros hijos”, afirmó. “Pero no dejaremos que la amenaza nos obligue a irnos”.
Los tres pupitres vacíos sugieren que el miedo aún podría imponerse. La pregunta para la comunidad internacional es si seguirá mirando hacia otro lado mientras una generación de niños palestinos aprende que la escuela es un lugar donde uno sobrevive —no un lugar donde se pertenece.