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Las islas Hanish y el estrangulamiento del Mar Rojo

Los hutíes ahora controlan múltiples puntos de estrangulamiento alrededor del Bab el-Mandeb. La toma de Hanish no es solo territorio: es una cadena log mortífera contra las exportaciones de crudo saudí y una señal de que el grupo está redefiniendo lo que puede mantener.

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Hanish transforma la geometría del Mar Rojo

Durante años, los analistas consideraron la amenaza hutí al tráfico marítimo en el Mar Rojo como algo asimétrico: drones misilísticos, pequeñas embarcaciones y los ocasionales ataques a buques anclados. La toma de territorios nunca formó parte de su manual. La ocupación de las islas Hanish Grande y Hanish Pequeña esta semana rompe ese patrón.

Las islas se encuentran en el sur del Mar Rojo, no muy lejos de la aproximación al estrecho de Bab el-Mandeb, el paso estrecho que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y, más allá, con el Océano Índico. El control de Hanish no cierra el estrecho —para eso se necesitaría algo más que unos pocos afloramientos rocosos—, pero extiende la zona de muerte hutí hacia afuera y le otorga al grupo una plataforma física desde la cual monitorear, interceptar o interrumpir el tráfico que ha sido desviado desde que Irán cerrara efectivamente el estrecho de Hormuz a principios del conflicto.

Esto importa porque la toma de Hanish se produce encima de una cascada de pérdidas para las fuerzas del gobierno saudí. La semana pasada los hutíes tomaron el puerto de Mokha y otra isla estratégica. Esta semana suman el par de Hanish. La secuencia es importante: Mokha es un puerto de entrada en la costa del Mar Rojo yemení, mientras que Hanish domina las aguas costeras. Juntas forman una pinza sobre los accesos al Bab el-Mandeb desde el lado yemení.

La temporización del oleoducto es despiadada

Mientras los hutíes ampliaban su huella territorial, un golpe separado pero vinculado cayó sobre la infraestructura energética saudí. Un ataque del 10 de septiembre dañó el oleoducto Este-Oeste, la arteria que transporta petróleo crudo desde los campos del Golfo Pérsico oriental de Arabia Saudita hasta las estaciones de bombeo en la costa del Mar Rojo para su exportación. Funcionarios regionales informaron bajo condición de anonimato que las reparaciones podrían tomar entre tres y cinco semanas y podrían incluir una importante instalación de bombeo. La línea podría funcionar parcialmente durante ese período, pero es una solución a medias, cuando mucho.

El momento es la parte incómoda. El cierre iraní del estrecho de Hormuz —la ruta normal para la mayoría de las exportaciones saudíes— obligó a Riad a depender más del corredor del Mar Rojo. El oleoducto Este-Oeste nunca fue solo un plan de respaldo; era la contingencia que hacía creíble la contingencia. Con Hanish en manos hutíes y el oleoducto deteriorado, Arabia Saudita ahora enfrenta una ruta de exportación por el Mar Rojo que es a la vez físicamente vulnerable y logísticamente restringida.

China, el mayor importador de petróleo de la región, calificó de inaceptables los ataques hutíes contra la infraestructura energética saudí y expresó profunda preocupación por la escalada. Esa redacción importa. Beijing ha tolerado mucho en Yemen para mantener abierta la puerta para acuerdos energéticos; no ha tolerado ataques contra las cadenas de suministro de las que depende. Si Beijing presiona a Riad por una vía de desescalada, la ventaja ya no es unilateral.

Lo que la captura revela sobre la capacidad hutí

La operación de Hanish no es solo una toma de tierras. Es una demostración de capacidad.

Tomar y sostener islas costeras requiere navegación, planificación anfibía y un grado de sostenimiento logístico que las fuerzas rebeldes raramente muestran. También requiere confianza en que la jugada no desencadenará una respuesta cinética decisiva de una potencia naval superior. El hecho de que los hutíes actuaran mientras las fuerzas saudíes intentaban recuperar terreno sugiere que evaluaron favorable el entorno de riesgo —quizás porque Estados Unidos y sus aliados están растяidos en múltiples teatros, o porque creen que el costo político de un contraataque mayor es demasiado alto.

El cálculo es visible en la geografía circundante. Con Mokha asegurado, una nueva isla reclamada y ahora Hanish, los hutíes controlan la costa occidental del sur del Mar Rojo desde un punto al norte de Adén hasta el propio estrecho. Aún no amenazan las rutas de navegación de aguas profundas en el Mar Rojo central donde transitan los grandes petroleros, pero ahora dominan los accesos donde los barcos reducen la velocidad, donde se concentra el tráfico costero y donde aterriza el oleoducto saudí.

Ese es un tipo diferente de apalancamiento que hundir un petrolero. Es el apalancamiento de la negación: hacer una ruta utilizable solo a precio premium, y luego cobrar ese premium en cada envío que pase dentro del rango.

La diplomacia saudí e iraní en un ángulo incómodo

La discusión diplomática sobre el estrecho de Hormuz añade una capa de fricción entre Riad y Teherán que es casi teatral. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán dijo que Arabia Saudita había exigido cancelar una reunión auspiciada por Omán sobre la seguridad en Hormuz, y acusó a Riad de presentar enmiendas que socavarían el acuerdo. Las preocupaciones saudíes, según un funcionario del Golfo, se centraban en las implicaciones del acuerdo para otros estados del Consejo de Cooperación del Golfo.

La ironía es evidente. Irán cerró el estrecho de Hormuz y obligó a Arabia Saudita al corredor del Mar Rojo. Arabia Saudita entonces se volvió dependiente de ese corredor. Los hutíes, una fuerza alineada con Irán, tomaron las islas que lo custodian. Riad ahora discute con Teherán sobre papel mientras su propia ruta de exportación es amenazada por los代理 de Teherán.

El punto muerto nuclear de Irán con Occidente avanza en paralelo. Austria negó visas al jefe nuclear iraní y a otros miembros de la delegación para la conferencia de la OIEA en Viena, citando sanciones restauradas de la ONU. Irán calificó la decisión de injustificada y culpó a la presión estadounidense. El secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, acusó a Irán de no cooperar con los inspectores y dijo que la rendición de cuentas estaba pendiente. La sesión de la OIEA en Viena, donde Wright también defendió el rigor del acuerdo nuclear EE.UU.-Arabia Saudita, es un escenario para que estos conflictos se desarrollen sin resolver ninguno de ellos.

El costo humano se acelera

Detrás de la geopolítica hay una población en huida. La Organización Internacional para las Migraciones indicó que casi 94.000 personas se han desplazado desde que los combates se intensificaron este mes, con las provincias de Taiz y Lahj llevando la mayor carga. Más de 2.000 han cruzado a Yibuti. Alrededor de 200 escuelas han sido convertidas en refugios. La Organización Mundial de la Salud fijó la cifra de muertos en más de 500 en una sola semana que terminó el sábado, un aumento brusco.

La trayectoria apunta hacia una guerra civil. La tregua de 2022 se mantuvo el tiempo suficiente para dar la impresión de estabilización; ahora se desmorona rápidamente. Si los hutíes se consolidan alrededor de la costa del Mar Rojo, tendrán tanto el terreno como el apalancamiento para presionar más hacia el interior o negociar desde una posición de fuerza. Cualquiera que sea el resultado, profundiza la fragmentación de Yemen.

Qué sigue después

Tres escenarios merecen atención.

Primero, Arabia Saudita intenta un contraataque limitado contra Hanish para reabrir el corredor. Eso arriesga la escalada con los hutíes y potencialmente invita a represalias iraníes en otro lugar. También arriesga convertir el Mar Rojo en un campo de batalla marítimo disputado en lugar de una ruta de navegación congestionada.

Segundo, Riad acepta el deterioro, opera el oleoducto a capacidad parcial y absorbe mayores costos de seguros y tránsito. Esta es la vía silenciosa y la más probable a corto plazo. Desplaza la presión hacia los precios globales del petróleo y otorga a Irán mayor apalancamiento a través de su代理.

Tercero, los hutíes avanzan más, apuntando a cerrar el Bab el-Mandeb por completo. Eso transformaría el conflicto de uno de acoso a uno de bloqueo. La respuesta internacional sería inmediata y contundente, pero la vía hacia ese punto ya podría estar abierta.

Las islas Hanish eran rocas en un mapa antes de esta semana. Ahora son una pieza de apalancamiento. En un conflicto donde el territorio siempre ha sido moneda, los hutíes acaban de imprimir más.