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El último y épico lago costero de Canadá desapareció en meses: qué significa para el Ártico

Un antiguo lago ártico retenido por hielo durante milenios se drenó hacia el océano en cuestión de meses después del colapso del manto de hielo Milne en 2020. La pérdida del último gran lago epishelf de Canadá es una señal medible de que los bucles de retroalimentación del permafrost y la hidrología se están acelerando más rápido de lo que la mayoría de los modelos climáticos consideran.

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El lago que tardó milenios en formarse y desapareció en meses

En julio de 2020, el plataforma de hielo Milne, una de las últimas plataformas de hielo sustanciales que quedaban en el Ártico canadiense, perdió más del 40 por ciento de su superficie en dos días. Detrás de ella había algo más raro: un lago epishelf, una masa de agua dulce atrapada contra la costa por la propia plataforma, descansando precariamente sobre agua de mar con un límite tan delgado que podía alterarse por una sola corriente cálida.

En cuestión de meses, el lago se fue. Sus aguas drenaron hacia el Océano Ártico. La plataforma de hielo que actuaba como represa estaba demasiado dañada para retenerlas, y para el otoño de 2020, tanto el lago como su ecosistema único habían desaparecido del mundo.

Esto no es un evento ecológico menor. Es un momento cuantificable que expone una brecha entre cómo modelamos el cambio climático y qué tan rápido cambia el Ártico en realidad.

Qué es un lago epishelf y por qué importa su pérdida

Un lago epishelf se forma cuando una plataforma de hielo bloquea un fiordo, atrapando agua dulce procedente de glaciares derretidos sobre agua de mar más densa. La interfaz entre las dos capas es notablemente delgada —a veces de solo unos pocos metros— y alberga una comunidad biológica que no existe en ningún otro lugar. Las especies de agua dulce viven por encima; las marinas, por debajo. El propio límite se convierte en una zona de vida concentrada, un umbral frágil que no puede sobrevivir si la física que lo sostiene se desmorona.

El último gran lago epishelf restante de Canadá se encontraba en el fiordo Milne, en la punta norte de la isla Ellesmere. Su desaparición significa que esa configuración ecológica particular ya no existe en el Ártico canadiense. Una investigación publicada en Scientific Reports, liderada por Andrew Hamilton de la Universidad de Alberta y Jeremy Bono de la Universidad Laval, utilizó imágenes satelitales, mediciones de campo y datos oceanográficos para reconstruir exactamente cómo se drenó el lago. La respuesta fue rápida y total.

Bono señaló que la plataforma de hielo y el lago detrás de ella se habían estado adelgazando gradualmente durante décadas. El colapso de 2020 no fue el comienzo del proceso: fue el punto en que el proceso se volvió irreversible.

“Estos ecosistemas tardan miles de años en formarse”, dijo Bono. “No volverán dentro de ningún horizonte temporal humano”.

La implicación no obvia: los bucles de retroalimentación son más rápidos de lo que suponen los modelos

La conclusión más evidente de esta historia es que las plataformas de hielo están desapareciendo y los lagos se están vaciando. Esto es cierto e importante, pero también es la lectura superficial.

La implicación más profunda tiene que ver con cómo los modelos climáticos tratan los bucles de retroalimentación en las regiones polares. La mayoría de los modelos de circulación global representan las plataformas de hielo como límites relativamente estables que se derriten gradualmente. No capturan adecuadamente la velocidad con la que un solo evento de colapso puede desencadenar cambios hidrológicos y ecológicos en cascada: la manera en que la pérdida de una plataforma de hielo no solo elimina hielo, sino un sistema entero de agua dulce, un nicho ecológico y un efecto de albedo localizado, todo al mismo tiempo.

Cuando la plataforma de hielo Milne colapsó, no solo perdió volumen. Eliminó la barrera física que había separado el agua dulce del agua de mar durante milenios. El lago no se evaporó ni se filtró lentamente. Drenó. Ese es un tipo diferente de cambio: brusco, impulsado por umbrales y difícil de predecir solo con curvas de deshielo gradual.

Esto importa para las proyecciones del nivel del mar porque los lagos epishelf y las plataformas de hielo que los sostienen representan agua dulce almacenada que actualmente está aislada del océano. Cuando esos sistemas fallan, esa agua entra en la trayectoria oceánica: no a través del deshielo directo, sino por reorganización hidrológica. Los modelos actuales tienen en cuenta el colapso de las plataformas de hielo, pero subestiman el efecto secundario: la liberación rápida de agua dulce terrestre y glaciar que previamente estaba atrapada detrás del hielo.

Quién pierde y quién gana

Las pérdidas son concretas. El ecosistema del lago epishfield ha desaparecido. Las especies que vivían en esa fina zona de transición entre el agua dulce y el agua salada han perdido su hábitat. La hidrología local del fiordo Milne se ha alterado de manera fundamental: los patrones de entrada de agua dulce, la deposición de sedimentos y el ciclo de nutrientes cambiarán en formas que los investigadores apenas comienzan a medir.

En la propia isla Ellesmere, las comunidades inuit que han dependido de estos sistemas de fiordos para su subsistencia y navegación enfrentan condiciones cambiantes difíciles de predecir. La desaparición del lago es un indicador, no solo un evento.

Las ganancias son más abstractas y mucho más preocupantes. El drenaje del lago hacia el Océano Ártico contribuye a la entrada de agua dulce que puede alterar los patrones de circulación oceánica. La pérdida de superficie de hielo reflectante reduce el albedo, acelerando el calentamiento local. Cada uno de estos es un bucle de retroalimentación positiva: un cambio que genera más cambio.

Qué sigue

Hamilton y Bono han estado monitoreando el sitio Milne desde 2011. Sus datos muestran una tendencia de adelgazamiento de décadas antes del colapso de 2020. La lección no es que el colapso fue repentino y, por lo tanto, impredecible: es que el cambio gradual enmascara un umbral eventual, y una vez superado, la recuperación es poco probable.

Los investigadores señalaron que, si las tendencias actuales de calentamiento continúan, las condiciones necesarias para que se forme y sostenga una nueva plataforma de hielo que albergue un lago epishelf es improbable que regresen. Esto significa que la pérdida es permanente en escalas de tiempo humanas.

Para la ciencia del clima, el caso Milne debería servir como una prueba de estrés para los modelos existentes. Si uno de los últimos lagos epishelf restantes en el Ártico canadiense puede desaparecer en cuestión de meses después de que colapsara su plataforma de soporte, entonces otros sistemas similares —hay menos de dos docenas de lagos epishelf conocidos en todo el mundo, la mayoría en la Antártida y el Ártico canadiense— pueden estar más cerca de sus propios umbrales de lo que sugieren las proyecciones actuales.

El lago no desapareció porque el Ártico se calentara lentamente. Desapareció porque un único fallo estructural —la ruptura de la plataforma de hielo— deshiciera un sistema que había tardado miles de años en acumularse. Esa distinción importa. Significa que el próximo sistema vulnerable tal vez no se derrita gradualmente. Tal vez simplemente se desmorone.