Las sanciones británicas a los asentamientos fracturan la unidad occidental
La prohibición comercial de Londres contra los asentamientos israelíes, respaldada por Francia y Canadá, marca un claro quiebre diplomático con Washington. Israel responde con expulsiones y nuevas sanciones, mientras la solución de dos estados pende de un hilo.
Una fisura en el bloque occidental
La decisión del gobierno británico de imponer sanciones comerciales a los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada no es un simple ajuste de política. Es una ruptura deliberada y pública con Estados Unidos que podría redefinir la diplomacia europea hacia Israel.
El martes, el secretario de Asuntos Exteriores, Ed Miliband, anunció una prohibición de importación de productos procedentes de asentamientos ilegales, calificando su expansión de «ataque directo a la solución de dos estados». En cuestión de horas, Francia y Canadá se sumaron a la medida, mientras que otras ocho naciones europeas aseguraron su apoyo o consideraron adoptar disposiciones similares. La alineación de 12 países —liderados por Londres, París y Ottawa— señala un cambio coordinado que se aleja de décadas de aceptación tácita del crecimiento de los asentamientos.
El cronograma no es casual. El anuncio llegó en medio de una escalada de violencia en Cisjordania: según datos de la Comisión Palestina de Resistencia contra la Colonización y el Muro, unos 780.000 colonos residen actualmente en 192 asentamientos y 400 puestos avanzados. La comisión informa de que los colonos controlan el 71 % de la Zona C, donde la libertad de movimiento de los palestinos se ve cada vez más restringida por puntos de control, cierres de carreteras y zonas militares.
Miliband no se limitó al comercio. En el mismo discurso parlamentario, acusó al gobierno israelí de propiciar lo que calificó de «limpieza étnica» de los palestinos en algunas zonas de Cisjordania, una expresión que hasta ahora se había reservado principalmente a la guerra civil de Siria. El lenguaje fue deliberadamente confrontacional.
La respuesta de Washington fue inmediata y desfavorable. El embajador estadounidense en Israel emitió un comunicado expresando «profunda decepción», mientras que ministros israelíes exigieron sanciones recíprocas contra intereses británicos. Ahora la línea de fractura diplomática ya es visible: Europa avanza hacia la condicionalidad; Estados Unidos sigue apostando por una alianza incondicional.
Quién gana y quién pierde
El beneficiario más directo es la Autoridad Palestina, cuya legitimidad se ha erosionado tras años de expansión de los asentamientos y negociaciones estancadas. Las sanciones imponen un coste tangible a las empresas israelíes que se benefician de la infraestructura de los asentamientos, en particular en los sectores agrícola, de la construcción y turístico.
Para Gran Bretaña, la jugada refuerza su posición tanto dentro de la Unión Europea como ante las organizaciones globales de derechos humanos. El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noel Barrot, enmarcó la acción conjunta como una defensa del «derecho internacional», no como un ataque contra Israel. «La Cisjordania está cerca de estallar», afirmó Barrot, haciendo referencia a los recientes ataques de colonos contra viviendas palestinas en la zona de Nablus.
Israel pierde credibilidad entre sus aliados tradicionales. La represalia —el cierre del consulado británico en Jerusalén Oriental, la expulsión de diplomáticos del Reino Unido y la prohibición de entrada a ciertos funcionarios británicos— demuestra la profundidad de la ira israelí. Pero también revela un país cada vez más dispuesto a tratar las alianzas diplomáticas como conditionadas a la alineación política.
Estados Unidos enfrenta un dilema incómodo. En público, ratifica su apoyo «inquebrantable» a Israel. En privado, altos funcionarios han mostrado su frustración con el unilateralismo británico. La Casa Blanca aún no ha impuesto penalizaciones, pero la tensión probablemente aflorará en las próximas reuniones del OTAN y del G7.
La represalia y lo que sigue
El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, declaró que las acciones del Reino Unido son «mentiras outrageantes» y presentó una serie de medidas punitivas. Gran Bretaña dejará de participar en la misión de coordinación de Gaza liderada por Estados Unidos. Los programas de formación para las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina en Cisjordania serán suspendidos. Algunos ciudadanos británicos, incluidos miembros del parlamento, quedarán excluidos de la entrada a Israel.
Estos pasos están diseñados para señalar que Israel no absorberá pasivamente la presión diplomática. Sin embargo, también conllevan riesgos: cortar la cooperación en seguridad podría socavar la estabilidad en una región ya volátil tras la guerra de Gaza. La Autoridad Palestina, ya debilitada, pierde a un socio clave en formación. Funcionarios británicos temen que esta medida pueda empujar a las fuerzas de seguridad palestinas hacia facciones radicalizadas.
El papel de la Unión Europea sigue sin estar claro. Si bien Francia y el Reino Unido actúan de manera independiente, la Comisión Europea ha evitado históricamente imponer sanciones unilaterales contra Israel, aduciendo preocupaciones geopolíticas más amplias. Una respuesta europea fragmentada debilitaría el impacto. No obstante, si el grupo de 12 países se consolida en una política formal de la UE, el apalancamiento económico y diplomático aumentaría considerablemente.
Mientras tanto, Estados Unidos se encuentra bajo presión interna para responder. Grupos de lobbi proisraelí han condenado las sanciones como «antisemitas» y «antidemocráticas». El Congreso podría presentar una legislación que restrinja el acceso británico a contratos de defensa estadounidenses si Londres no revierte su postura.
Más allá del simbolismo
Los críticos sostienen que las sanciones son mayoritariamente simbólicas. El comercio bilateral entre el Reino Unido e Israel asciende a 6.000 millones de libras anuales, pero solo una fracción está vinculada directamente a productos de los asentamientos. Distinguir entre productos fabricados en Israel y los procedentes de los asentamientos requerirá una compleja supervisión aduanera, una tarea que el Reino Unido aún no ha detallado.
Es probable que haya desafíos legales. Los exportadores israelíes podrían impugnar las prohibiciones ante los tribunales británicos, argumentando la falta de criterios claros de origen. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea también podría verse involucrado si se adoptan medidas a nivel de la UE.
Sin embargo, la señal política supera el impacto económico. Al calificar explícitamente la ocupación de «ilegal» y acusar a Israel de «limpieza étnica», Miliband ha trazado una nueva línea entre la conducta estatal aceptable e inaceptable. Esta retórica, antes confinada a grupos de defensa, es ahora política oficial.
La última defensa de la solución de dos estados
Las sanciones llegan en un momento en que la solución de dos estados parece cada vez más lejana. La expansión de los asentamientos en el corredor de E1 —cerca de Jerusalén— amenaza con dividir Cisjordania en dos, haciendo imposible un Estado palestino contiguo. Organizaciones de derechos humanos advierten de que una mayor expansión podría volver obsoleta la diplomacia.
Nick Dearden, de Global Justice Now, calificó el giro del Reino Unido de «el inicio, no el final, de poner las cosas en su lugar». La relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, describió los comentarios de Miliband como un «cambio sísmico» en la política exterior británica, y señaló que representan la «condena más enérgica emitida jamás por el gobierno británico sobre la ocupación israelí».
Si esto marca un punto de inflexión o un gesto pasajero dependerá de la implementación concreta. Si el Reino Unido y sus aliados aplican las sanciones de manera consistente, y si Washington no vetoa nuevas acciones internacionales, la presión económica y diplomática podría obligar a Israel a replantearse su estrategia de asentamientos.
Si no es así, las sanciones correrán el riesgo de convertirse en otro momento de claridad moral sin consecuencia material: otra instancia en la que los gobiernos occidentales hablan con firmeza pero se niegan a actuar con determinación.
La decisión corresponde ahora a las 12 naciones que anunciaron las medidas. ¿Tratarán la prohibición de asentamientos como un punto de partida o como una meta final?
Para los palestinos de Cisjordania, la respuesta determinará si la diplomacia aún tiene futuro, o si el camino adelante se paving con otros tipos de resistencia.