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Lo que el rescate por inundaciones en Nepal revela sobre la apuesta de ingeniería de Corea en Asia

Doce días después de las catastróficas inundaciones en Nepal, un equipo de rescate coreano busca a nueve trabajadores desaparecidos dentro de un túnel de energía hidroeléctrica dañada. El desastre expone los riesgos detrás de la creciente huella de infraestructura de Seúl en el sur de Asia, vulnerable al clima.

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El túnel sigue cobrándose víctimas

Doce días después de que las inundaciones repentinas azotaran los pies del Himalaya en el centro de Nepal, un equipo de diez rescatistas coreanos se deslizó de nuevo hacia un túnel cercano a la planta hidroeléctrica Upper Trishuli-1. Al día anterior habían sacado a un superviviente: un hombre chino de 49 años llamado Lu Haitao. Antes de escoltarlo hacia la seguridad, les dijo algo que los mantuvo con fuerza: otra persona permanecía atrapada cerca. Nadie sabía si estaba viva o muerta.

Los nueve coreanos desaparecidos en el UT-1 están repartidos entre dos empresas. Tres pertenecen a Korea Southern Power Company, una utility estatal que lleva décadas vertiendo concreto en los valles fluviales nepalíes. Seis trabajan para Doosan Enerbility, el gigante de la ingeniería detrás de muchos de los proyectos energéticos en el exterior de Corea. Ninguna de las dos compañías ha confirmado el paradero de sus trabajadores. El gobierno nepalí estima que aproximadamente 500 personas siguen desaparecidas en una docena de sitios hidroeléctricos de la región.

Las probabilidades no están de su lado. La zona de búsqueda se encuentra en la provincia de Bagmati, un área montañosa remota donde las carreteras han sido arrastradas por las crecidas, la cobertura satelital es irregular y la monzón no muestra señales de apaciguarse. La propia agencia de gestión de desastres de Nepal dice que la cifra de muertos alcanzó los 1.341. La región china del Tíbet reporta al menos 31 más. Cerca de 5.500 personas continúan desaparecidas. Diez mil hogares y decenas de edificios públicos han sido destruidos. Un centenar de puentes han desaparecido.

Por qué ingenieros coreanos están en Nepal

La planta UT-1 forma parte de un patrón más amplio. Corea del Sur se ha convertido en uno de los principales constructores extranjeros de infraestructura hidroeléctrica en Nepal durante los últimos quince años. Los conglomerados coreanos —principalmente a través de KEPCO y sus afiliadas— han financiado, diseñado y construido presas y túneles a lo largo de los sistemas fluviales escarpados del país. La lógica era clara: Nepal se asienta sobre algunas de las mayores reservas inexpлотadas de energía hidroeléctrica del mundo, y las empresas coreanas tenían el capital y el conocimiento técnico para explotarlo.

La economía parecía tener sentido en papel. Corea importa casi toda su energía. Construir plantas eléctricas en el exterior generaba retornos, construía influencia diplomática y exportaba estándares de ingeniería coreana. Nepal necesitaba electricidad y los medios para generarla. Ambas partes obtenían lo que querían.

Lo que ninguna de las dos partes valoró plenamente fue el riesgo climático. El Himalaya se está calentando más rápido que la mayor parte del planeta. Los patrones de deshielo glacial están cambiando. La intensidad de los monzones está aumentando. Las condiciones geológicas que hacen de Nepal un lugar ideal para la hidroelectricidad —gradientes pronunciados, alta pluviosidad, profundos valles fluviales— son las mismas que lo hacen catastróficamente inestable cuando esos sistemas se superan. Túneles como el del UT-1 cortan montañas que literalmente se desmoronan bajo los cambios en los patrones climáticos. Los trabajadores viven en campamentos al pie de laderas que ya no pueden confiarse.

El costo humano de una expansión silenciosa

La respuesta de Corea ante el desastre ha sido sorprendentemente visible para una historia que rara vez sale titulares fuera de los medios de Asia Oriental. El ministro de Relaciones Exteriores, Cho Hyun, viajó a Katmandú y se reunió con su homólogo nepalí para coordinar las labores de búsqueda. El gobierno coreano anunció $1 millón en ayuda humanitaria a través de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, además de suministros físicos por valor de unos 130 millones de wones. El Equipo Coreano de Alivio ante Desastres —una unidad profesional de respuesta rápida que ha sido desplegada desde Turquía hasta Indonesia— estableció un campamento base en el distrito de Bagmati y distribuyó 262 bolsas para cadáveres a las fuerzas militares nepalíes.

Doosan Enerbility lanzó un helicóptero y dos drones sobre el campamento principal del UT-1 y las zonas aguas abajo. Korea Southern Power Company envió a 46 rescatistas a pie, complementados por guías sherpa locales que conocen el terreno mejor que cualquier máquina. Cámaras térmicas, equipo infrarrojo y perros de búsqueda se están integrando en la operación. El número de personal de búsqueda terrestre casi se ha duplicado.

Las apuestas personales son imposibles de cuantificar desde fuera. Nueve familias en Corea esperan noticias. Seis están en Doosan, tres en la empresa eléctrica. Cada una representa a una persona que viajó a una cadena montañosa remota a trabajar, probablemente confiando en que la ingeniería era sólida y los protocolos de seguridad, adecuados. Esa confianza es precisamente lo que hace que desastres como este resulten tan desconcertantes —no porque sean inesperados en abstracto, sino porque son inesperados para quienes construyeron los sistemas que fallaron.

Qué dice esto sobre la infraestructura en todas partes

El desastre del UT-1 no es único. Es una anticipación. La infraestructura vulnerable al clima es un problema global, y se concentra precisamente en los lugares donde los países en desarrollo están construyendo su futuro energético ahora mismo. Nepal es extremo, pero no está solo. Las inundaciones, los deslaves y los eventos de ruptura de lagos glaciares están aumentando en toda la región del Hindu Kush Himalaya —Afganistán, Pakistán, India, Bután, las provincias occidentales de China. El mismo patrón se repite en el sudeste asiático, donde proyectos de presas en Myanmar y Laos enfrentan presiones geológicas y climáticas similares.

Las empresas de ingeniería coreanas no son las únicas que construyen en estas zonas. Las empresas chinas dominan la construcción hidroeléctrica en toda la región, y sus trabajadores también están presentes en el conteo de desaparecidos. Las firmas occidentales se han retirado mayoritariamente de este mercado. Pero la pregunta subyacente aplica a todos: ¿cómo se construye infraestructura crítica en lugares donde el clima está cambiando más rápido de lo que los modelos de ingeniería pueden anticipar?

La respuesta, hasta ahora, es que nadie tiene una buena. Existen protocolos de seguridad. Se realizan evaluaciones de impacto ambiental. Pero los supuestos básicos incrustados en esas evaluaciones —proyecciones de lluvia, modelos de estabilidad glacial, cálculos de riesgo sísmico— están siendo invalidados por la velocidad del cambio. Los proyectos aprobados hace cinco años pueden estar operando bajo suposiciones completamente erróneas hoy en día.

La verdad incómoda

El gobierno coreano está enmarcando su respuesta como una prioridad humanitaria. El ministro Cho enfatizó su profunda preocupación por los trabajadores desaparecidos. El paquete de ayuda es real. Los equipos de búsqueda son profesionales y están bien equipados. Pero la pregunta más incómoda se cierne en el fondo: ¿cuántos proyectos de ingeniería coreana están operando ahora mismo en estas mismas zonas vulnerables? ¿Cuántos otros campamentos de construcción, túneles y sitios de presas se encuentran en valles del Himalaya que el clima ya ha declarado inestables?

El gobierno de Nepal dice que aproximadamente 900 trabajadores están desaparecidos en doce proyectos hidroeléctricos. Es un número demasiado grande como para tratarse como una anomalía. Sugiere una exposición sistémica —un conjunto de activos, una fuerza laboral, una geografía y un patrón meteorológico que convergieron en un desastre que ninguna empresa ni gobierno individual podría haber anticipado plenamente.

La búsqueda en el UT-1 continúa. El túnel está siendo reingresado de forma metódica. Equipos de drones escanean la sala de máquinas. El ejército nepalí revisa las laderas. A doce días del inicio, la prioridad ha cambiado: de rescate a recuperación. El superviviente chino habló de alguien aún atrapado dentro. Ya sea vivo o muerto, la búsqueda no cesará hasta que lo sepan.

La pregunta más amplia —sobre qué tipo de infraestructura es seguro construir dónde, y quién asume el costo cuando esos supuestos fallan— aún no tiene respuesta. La necesita, antes de que llegue la próxima inundación.