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El reactor insignia de Corea tropieza en la recta final

Dos paradas en pocas semanas en la unidad 3 de Saeul, Corea del Sur, durante la fase de comisión han reavivado las llamadas para frenar el proyecto y replantearse la expansión nuclear del país. Los contratiempos llegan mientras los planificadores energéticos globales debaten si los nuevos reactores son esenciales para la descarbonización o demasiado riesgosos para repetir.

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Dos paradas. Una fecha límite. Y un giro político en riesgo.

El proyecto de reactor más nuevo y ambicioso de Corea del Sur sufrió este martes su segundo contratiempo en menos de un mes, convirtiendo lo que debería haber sido una marcha ceremonial hacia la operación comercial en una crisis de credibilidad.

El Módulo 3 de Saeul, construido por Korea Hydro & Nuclear Power (KHNP) en el condado de Ulju, al este de Ulsan, sufrió un apagado manual el 6 de septiembre tras detectarse una fuga de vapor en una tubería de condensado que alimenta la turbina, durante pruebas de puesta en marcha al 80 % de su capacidad. Fue la segunda parada de emergencia en menos de cuatro semanas: la primera, el 11 de agosto, fue un apagado automático atribuido a un error del operador, confirmado por la Comisión de Seguridad Nuclear y Radiológica (NSSC).

La coalición antinuclear que se organiza bajo el nombre de Movimiento Cívico Antinuclear de Ulsan, integrada por 56 grupos ciudadanos locales, emitió un comunicado el 7 de septiembre exigiendo que la NSSC suspenda de inmediato el proceso de aprobación de la operación comercial y que el gobierno realice una revisión exhaustiva de su política de expansión nuclear.

«Las repetidas paradas han destrozado la fiabilidad de la puesta en marcha», decía el comunicado.

El marco político es dramático. Las apuestas técnicas son, en cierto modo, más limitadas. Pero el momento —que llega cuando el debate mundial sobre la energía nuclear se recalibra— hace que ambas dimensiones sean difíciles de separar.

Qué pasó realmente

La secuencia es importante porque revela un patrón más que un único anomalía.

El apagado automático del 11 de agosto ocurrió mientras el reactor estaba aumentando a una potencia del 80 % durante las pruebas. La NSSC lo atribuyó a un error del operador —una omisión procedimental, no un defecto de diseño—. La planta se reinició en cuestión de días.

El incidente del 6 de septiembre fue de carácter diferente. Se detectó una fuga de vapor en la tubería de drenaje de condensado —un componente que recicla agua entre la turbina y el sistema del reactor—. La fuga requirió un apagado manual para estabilizar el equipo y comenzar las reparaciones. Esta vez, KHNP confirmó que no hubo emisión de radiación ni impacto en la seguridad pública.

Ambos eventos ocurrieron durante la puesta en marcha, la fase entre lograr la criticidad (cuando el reactor alcanza una reacción nuclear autosostenida) y la operación comercial completa. Es el período técnicamente más intensivo para cualquier proyecto nuclear, y históricamente el momento en que emergen defectos latentes. Casi todo reactor en el mundo ha experimentado problemas aquí.

Lo que hace único al Módulo 3 de Saeul es la rapidez entre fallos y la proximidad a la meta. La aprobación de operación comercial ya se había concedido dos años atrás —una velocidad notable para una nueva construcción coreana— y la planta había completado sus inspecciones previas a la operación y alcanzado la primera criticidad sin retrasos reportados.

La pregunta regulatoria

La NSSC ha iniciado investigaciones sobre ambos incidentes. Según el procedimiento surcoreano, la autoridad de puesta en marcha puede suspender las pruebas mientras corre la investigación, pero no existe un mecanismo legal para cancelar una licencia de operación ya concedida sin demostrar un defecto de seguridad fundamental.

Esa distinción es importante. Los grupos antinucleares solicitan que se suspenda el proceso de aprobación de la operación comercial —pero esa aprobación ya se emitió—. Lo que realmente solicitan es un aplazamiento de la conexión a la red y de la operación a plena potencia hasta que se verifiquen y corrijan las causas.

La NSSC ya respondió al incidente del 6 de septiembre con una inspección de emergencia. Dado el lapso de dos semanas entre eventos, la presión sobre la comisión es considerable. Si el segundo incidente resulta compartir causas raíz con el primero —por ejemplo, si la fuga en la tubería de condensado se remonta a procedimientos de instalación inadecuados en lugar de fatiga del material—, las implicaciones se extienden más allá del Módulo 3 de Saeul a otras unidades en construcción o puesta en marcha.

Por qué el movimiento antinuclear se está movilizando ahora

La política nuclear de Corea del Sur ha sufrido un giro pronunciado desde 2017. La administración de Moon Jae-in pausó todos los proyectos de reactores nuevos y prorrogó las paradas en plantas más antiguas. El gobierno de Yoon Suk-yeol que le siguió descartó ese enfoque y se comprometió a reanudar la construcción nuclear como pilar tanto de la seguridad energética como de la política climática.

El Módulo 3 de Saeul debía ser el principal punto de referencia de ese giro —el primer reactor nuevo construido desde cero en más de una década, completado antes de lo previsto, a un costo que parecía competitivo—. Su éxito estaba destinado a legitimar los planes para unidades adicionales y la promoción de exportaciones.

Los reveses repetidos dan munición política a un movimiento que durante mucho tiempo ha argumentado que la cultura de seguridad nuclear coreana está degradada. El error del operador que causó la primera parada es el tipo de incidente que alimenta directamente esa narrativa. Los defensores antinucleares en Ulsan han estado activos durante años, pero ganaron impulso cuando el gobierno renovó su postura a favor de la nuclear y comenzó a permitir nuevas construcciones.

El comunicado de la coalición de Ulsan tiene cuidado de fundamentar sus demandas en la seguridad más que en la ideología. No pide una eliminación gradual. Pide una pausa —específicamente, una suspensión de la aprobación de la operación comercial hasta que se identifiquen las causas y la seguridad esté «suficientemente verificada». Esa es una petición más limitada, y una que la NSSC podría acomodar sin admitir un fallo sistémico.

El eco geopolítico

Los planificadores energéticos globales están actualmente reescribiendo sus suposiciones sobre la energía nuclear. La Agencia Internacional de Energía declaró en 2022 que los objetivos de emisiones netas cero eran imposibles sin una expansión importante de la energía nuclear. La Unión Europea clasificó la energía nuclear como una inversión sostenible en su taxonomía. Estados Unidos, Japón y Francia están todos adelantando programas de nuevas construcciones o extensiones de vida útil.

Corea del Sur ocupa una posición extraña en esta conversación. Es uno de los principales exportadores mundiales de tecnología nuclear —Kepco y KHNP tienen ofertas en varios países— mientras simultáneamente alberga un movimiento antinuclear interno vocal. El reinicio a favor de la nuclear del gobierno estuvo parcialmente motivado por ambiciones de exportación: una nueva construcción probada domésticamente fortalece el caso para vender reactores coreanos en el extranjero.

Si el Módulo 3 de Saeul falla públicamente, esa narrativa de exportación se debilita. Los competidores —Rosatom, EDF, CNNC— tomarán nota de las dificultades de puesta en marcha. El momento es desafortunado para un país que ve la energía nuclear como una industria estratégica, no solo como una fuente de energía.

Qué pasa después

KHNP ha declarado que la exposición a la radiación no es una preocupación y que la planta reanudará las operaciones una vez completadas las reparaciones. El problema de la tubería de condensado parece ser un problema localizado del equipo más que un defecto fundamental del diseño. En términos técnicos, esto debería ser resolvable sin retrasos estructurales.

Pero la percepción va detrás de la ingeniería. La secuencia de dos paradas crea un ciclo de titulares que ningún informe de prensa puede contener totalmente. Cada declaración de KHNP o de la NSSC será leída a través de la lente del incidente anterior.

El cronograma de operación comercial es la verdadera métrica. Si las pruebas a plena potencia y la sincronización con la red se retrasan más allá de principios de 2027, el costo político para la administración actual aumenta. El gobierno se comprometió con la expansión nuclear como política central; necesita al menos un reactor nuevo en línea y funcionando de manera estable para defender esa afirmación.

Los grupos antinucleares han enmarcado su demanda como una revisión de seguridad. Si logran una suspensión de las operaciones comerciales depende de cómo la NSSC maneje las investigaciones —y de si el segundo incidente revela un patrón más profundo de lo que cualquiera de los lados quiere admitir—.

Por ahora, el Módulo 3 de Saeul está a aproximadamente un 80 % de potencia, aislado de la red, con ingenieros rastreando una fuga de vapor y reguladores decidiendo qué significan las dos paradas para todo lo que sigue.