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Trump y Mamdani se reúnen mientras la crisis de Israel oscurece la semana de la ONU

Donald Trump se reúne con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, durante la semana de la ONU: el encuentro de dos políticos que alguna vez se calificaron mutuamente de pesadilla, ahora forzados a una negociación incómoda sobre Gaza, vivienda y quién acoge a los líderes mundiales.

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La reunión que nunca debió ocurrir

Donald Trump viaja este lunes a Nueva York para sentarse a dialogar con Zohran Mamdani en Gracie Mansion, la residencia oficial del alcalde, apenas unos días antes de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, arribe a la ciudad para la Asamblea General de la ONU. Es, por cualquier medida, un calendario geopolítico extraño: el presidente de Estados Unidos se reúne con el hombre que una vez prometió ser su peor pesadilla, mientras aquel contra quien Netanyahu podría emitir una orden de arresto se sienta frente al presidente estadounidense en la víspera del Yom Kippur.

El Ayuntamiento no ha hecho público ningún detalle sobre lo que se discutirá. La Casa Blanca tampoco ha emitido declaración alguna. Pero el momento lo dice todo.

Quién gana, quién pierde

Trump gana visibilidad. Una foto institucional en Gracie Mansion durante la semana de la ONU señala accesibilidad presidencial hacia los alcaldes, en contraste con la postura confrontacional que ha mantenido frente a las ciudades gobernadas por demócratas a lo largo de su administración. También le permite proyectar una narrativa de cooperación desde una ciudad que, desde la elección de Mamdani, se ha convertido en un espinoso punto de fricción con el ejecutivo sobre enforcement migratorio, política de vivienda y alineación en política exterior.

Mamdani gana una oportunidad de encuadre. Ha pasado sus primeros seis meses en el cargo navegando una línea imposible: sostener su retórica de campaña contra Netanyahu mientras reconoce públicamente que Nueva York no puede ni quiere hacer cumplir una orden de arresto de la CPI. La reunión con Trump le permite reencuadrarse como un negociador pragmático que obtiene resultados, algo que destacó de manera oportuna tras su encuentro de febrero, cuando logró la liberación de un manifestante pr palestino detenido en Manhattan.

Netanyahu pierde el control de su propia agenda. Se espera que permanezca solo un día en Nueva York y que no se reúna con Trump, según The Times of Israel. Esa separación es significativa. En años anteriores, las visitas de Netanyahu a la ONU incluían reuniones en la Casa Blanca. Esta vez, el primer ministro israelí llega a una ciudad gobernada por un alcalde que hizo de su enjuiciamiento una bandera de campaña y por un presidente que históricamente ha sido simpatizante suyo, pero que esta semana se sienta frente a la mesa justo con ese mismo alcalde.

La ausencia de una reunión Trump-Netanyahu es en sí misma un mensaje. Señala que la administración no priorizará la visita del primer ministro israelí por encima de su propio cálculo político. Para Netanyahu, esto representa un downgrade diplomático sin anuncio formal alguno. Su séquito de seguridad aterriza en una ciudad donde la persona que recibe al presidente en asuntos municipales ha pedido públicamente su arresto.

La verdadera tensión es de vivienda, no solo de Israel

La cuestión israelí dominará los titulares. Pero el desacuerdo sustancial de políticas entre Trump y Mamdani se ha desarrollado durante meses alrededor de Sunnyside Yard, una terminal ferroviaria federal en Queens que ambas partes habían convenido que podría convertirse en uno de los complejos de vivienda asequible más grandes del país. Mamdani impulsó una inversión federal en ese proyecto durante su visita a la Casa Blanca en febrero. Desde entonces, no ha habido avance público significativo.

Esa brecha importa porque revela la limitación estructural de la diplomacia municipal frente a un ejecutivo hostil. Mamdani puede volar a Washington, darse apretones de manos y regresar con un comunicado de prensa sobre gestión de incidencia. Pero no puede obligar al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano a comprometer fondos. Trump controla esas palancas, y no ha mostrado urgencia alguna por usarlas a favor de una ciudad cuyo alcalde lo denomina enemigo.

El estancamiento habitacional es una adelantada de lo que sigue. Cada solicitud de política importante que Mamdani presente al gobierno federal se topará con la misma pared: al presidente le beneficia políticamente aparecer cooperativo, pero tiene todos los incentivos para retener resultados concretos a una jurisdicción que lo eligió en contra por una margen histórica.

Para los constituyentes de Mamdani en Queens, esta dinámica no es abstracta. Sunnyside Yard fue promocionada como una posible solución a la crisis de asequibilidad de Nueva York, un proyecto que podría haber entregado miles de unidades. Su estancamiento subraya los límites de la política simbólica cuando los recursos materiales están controlados por adversarios.

La orden de la CPI de la que nadie habla

La promesa más incendiaria de la campaña de Mamdani: arrestar a Netanyahu si ponía un pie en Nueva York, ha sido desinflada en silencio. En julio, reconoció que su administración no intentaría un arresto. La semana pasada, afirmó incorrectamente que nunca había animado a los neoyorquinos a protestar contra la visita de Netanyahu. El retroceso es un ejemplo de manual de un funcionario electo que retrocede de una retórica ventajosa durante la campaña pero incumplible en el ejercicio del cargo.

Lo llamativo es lo que ni Mamdani ni Trump dirán al respecto durante su encuentro del lunes. La orden de la CPI se encuentra en el centro de un campo minado legal y diplomático que ninguna de las dos partes tiene interés en detonar públicamente. Trump tiene toda la razón para proteger a Netanyahu, no solo por convicción ideológica, sino porque antagonizar al primer ministro israelí durante la semana de la ONU complicaría la política general en Oriente Medio. Mamdani tiene todas las razones para evitar el tema porque repasar lo ocurrido expone la brecha entre sus promesas de campaña y sus poderes municipales.

La orden no ejecutada también tiene implicaciones más allá de esta semana. Establece un precedente sobre cómo manejará Nueva York futuros procesos judiciales internacionales, ya sea que involucren a jefes de Estado extranjeros u otras figuras sujetas a la jurisdicción de la CPI. El mensaje enviado por no ejecutar la orden resonará en los círculos diplomáticos mucho después de que concluya la semana de la ONU.

Qué sigue

Si la reunión no produce más que una fotografía y un statement sobre intereses mutuos, será el resultado más honesto posible. Estos dos políticos habitan universos políticos fundamentalmente distintos. Mamdani gobierna una ciudad donde el 67 % es demócrata; Trump gobierna un país que lo eligió sobre una coalición que mayoritariamente descartó las prioridades de esa ciudad.

La verdadera historia de esta reunión no será lo que se discutió. Será lo que ambos lados eligieron no discutir: el trato de vivienda estancado, la orden de la CPI sin ejecutar, y el hecho de que Netanyahu está en la ciudad y ni la Casa Blanca ni el Ayuntamiento pueden ponerse de acuerdo sobre qué hacer al respecto.

Las fracturas entre estas dos administraciones fueron visibles durante toda la campaña y solo se han profundizado desde que asumieron el cargo. Sin embargo, el calendario los obliga a encontrarse. La semana de la ONU siempre convierte a Nueva York en un escenario. Este año, el elenco está más fracturado de lo habitual.