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Ucrania urdió un enjambre de drones para paralizar los aeropuertos de Moscú

Ucrania desarrolló un plan para inundar los aeropuertos de Moscú con hasta 1.000 drones con IA en un solo día, una operación codificada como 'M&Ms' que finalmente se archivó por preocupaciones sobre el riesgo civil. El plan revelado marca una nueva dimensión en la guerra y sienta un peligroso precedente para los aeropuertos europeos.

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Un plan que nunca voló — pero que lo cambia todo

A principios de 2026, funcionarios ucranianos presentaron al presidente Volodímir Zelenski un plan cuyo nombre en clave sonaba casi inocuo: «M&Ms». La propuesta estaba lejos de ser dulce. Preveía lanzar hasta 1.000 drones guiados por inteligencia artificial por día contra el complejo de aeropuertos de Moscú —principalmente Sheremetyevo, el hub internacional más concurrido de la ciudad—, con el objetivo de paralizar la aviación civil durante la temporada alta de verano y asfixiar la movilidad de la élite política y económica de Rusia.

La operación nunca se ejecutó. Según reportes del periódico británico The Telegraph y la revista estadounidense The Atlantic, Zelenski habría puesto reparos al riesgo de bajas civiles accidentales. Las enjambres de drones, por su naturaleza, son difíciles de dirigir con la precisión suficiente para excluir a las aeronaves comerciales que comparten el mismo espacio aéreo. Ucrania siempre ha trazado una línea roja contra atacar objetivos civiles en territorio ruso, y este plan, en teoría, la habría cruzado.

Lo que da relevancia a la revelación no es solo que el plan existiera, sino lo que muestra sobre hacia dónde se encaminaban las capacidades de Kiev, y qué significa eso para el resto de Europa.

La lógica detrás del objetivo

Los aeropuertos internacionales de Moscú —Sheremetyevo, Domodedovo, Vnukovo— registraron una caída drástica en vuelos de larga distancia tras las sanciones occidentales que cortaron la mayoría de las rutas directas hacia Europa y América del Norte. Pero los vuelos a Estambul, Dubái y otros hubs neutrales siguieron operando durante todo el verano de 2025 e incluso en 2026. Esas eran las arterias por las que se movían con libertad los oligarcas, funcionarios del gobierno y empresarios conectados al poder, mientras la mayor parte de la economía aeronáutica regular del país permanecía herida.

El plan M&Ms apuntaba precisamente a esa fuga. Al saturar las aproximaciones a los aeropuertos de Moscú con drones impulsados por inteligencia artificial —máquinas capaces de coordinar ataques en enjambre, adaptarse en tiempo real a las respuestas de las defensas antiaéreas y abrumar los sistemas tradicionales de intercepción—, Ucrania buscaba volver ingobernables los cielos de la capital para el tráfico civil. El objetivo era ejercer presión sobre Putin a través de su propio círculo, no mediante violencia indiscriminada.

Esa distinción importaba al cálculo estratégico de Kiev. También, quizás, importó para el destino final del plan.

Quién mató el plan — y por qué

El plan parece haber muerto junto con el ministro de Defensa, Mijaíl Fedórov, despedido en julio de 2026. Ed Arnold, asesor senior del think tank británico D Group, sugirió que la cancelación también pudo haberse visto influida por la hesitación europea. Varias capitales de la UE han manifestado profundo malestar ante cualquier escalada que pudiera atraer golpes de represalia contra sus propios territorios, una preocupación que cobró nueva agudeza cuando una serie de incidentes misteriosos con drones afectaron aeropuertos en España, Alemania, Noruega y Dinamarca en los últimos meses.

Esos incidentes, aún no atribuidos, han perturbado las operaciones pero no causado fatalities. Su origen sigue sin estar claro oficialmente. Pero la advertencia del D Group es tajante: si se considera que Ucrania atacó deliberadamente infraestructura civil en Rusia, Moscú podría sentirse justificado a redirigir tácticas similares contra aeropuertos europeos como represalia. El umbral entre «objetivo militarmente adyacente» e «infraestructura civil» es precisamente donde se librá la próxima escalada.

Lo que esto revela sobre la doctrina de drones ucraniana

La campaña de drones de Ucrania contra Rusia ha evolucionado rápidamente desde 2022. Las operaciones iniciales recurrían a cuadricópteros comerciales modificados y pequeñas municiones telemétricas. Para 2024, Kiev ya había desarrollado alas de drones de mayor alcance capaces de golpear profundamente en territorio ruso, y para 2025, la coordinación con IA —múltiples drones comunicándose y adaptándose en pleno vuelo— había pasado del concepto al prototipo. El plan M&Ms representa el punto final lógico de esa trayectoria: no uno o dos cientos de drones, sino un millar, operando como un sistema coordinado diseñado para agotar y confundir las redes de defensa antiaérea rusas.

La postura de defensa antiaérea rusa alrededor de Moscú está entre las más densas del mundo. Pero fue construida para rastrear e interceptar aeronaves individuales y misiles de crucero, no cientos de objetivos a baja altitud y maniobrables que llegan desde múltiples ejes simultáneamente. Un enjambre de drones con IA no necesita que todos alcancen su objetivo; necesita suficientes para abrirse paso. Esa es una ecuación fundamentalmente distinta a la para la que el sistema ruso fue diseñado.

El riesgo de derrame para Europa

La implicación más trascendental del revelación de M&Ms puede no tener nada que ver con Rusia. Tiene todo que ver con Europa.

Los aeropuertos europeos ya han demostrado ser vulnerables. La reciente ola de incidentes con drones no identificados en España, Alemania, Noruega y Dinamarca demuestra que incluso los sistemas de seguridad aeroportuaria más sofisticados no pueden contener por completo una amenaza de drones baratos y distribuidos. Nadie ha asumido la responsabilidad. Nadie ha sido procesado. Los ataques han sido disruptivos pero, hasta ahora, limitados en daño físico.

Si Ucrania hubiera procedido con M&Ms y Rusia hubiera respondido dirigiendo tácticas similares contra aeropuertos europeos —como el D Group advierte que es una represalia plausible—, la escala y la coordinación podrían escalar rápidamente. Un solo aeropuerto perturbado es una molestia. Una campaña sostenida contra múltiples hubs en todo el continente es un shock económico.

Qué sigue

La cancelación de M&Ms no significa que la tecnología detrás de él desapareciera. Los programas de drones con IA de Ucrania siguen desarrollándose. La pregunta no es si Kiev intentará nuevamente operaciones de enjambre contra infraestructura rusa —es qué forma tomarán y qué salvaguardias, de existir alguna, estarán en su lugar.

Para los gobiernos europeos, la lección debe ser sobrecogedora. La guerra sobre los cielos ucranianos ya no se limita a los territorios ucraniano y ruso. La tecnología de drones que se prueba y perfecciona allí ya está apareciendo, en forma inexplicada, en los aeropuertos europeos. El plan M&Ms, por muy irrealizado que haya sido, demuestra que la próxima escalada no requiere una campaña declarada —solo requiere la capacidad y un cálculo de que el riesgo vale la presión.

La próxima vez que un drone cause caos en Frankfurt, Schiphol o Heathrow, la pregunta no será si provino de Ucrania o de Rusia. Será si alguien vio venir que estaba por llegar.