Por qué la crisis de deuda familiar de Corea está a punto de empeorar
Con los rendimientos del Tesoro de EE. UU. superando el 5 % y las tasas de los bonos gubernamentales de Corea alcanzando máximos multianuales, se gesta una crisis silenciosa entre los hogares coreanos, una que los economistas occidentales están ignorando en gran medida.
El umbral del 5% que lo cambia todo
Los inversores estadounidenses han observado con fascinación nerviosa cómo el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años超ó el 5% por primera vez desde julio de 2007. El número en sí —cinco por ciento— lleva un peso psicológico en los mercados globales. Pero la verdadera historia no está ocurriendo en Nueva York ni en Chicago. Se está desarrollando en Seúl, donde los rendimientos de los bonos gubernamentales de Corea están alcanzando niveles no vistos en años, y donde un endeudamiento familiar está a punto de volverse significativamente más doloroso.
El 15 de septiembre, el rendimiento del bono gubernamental coreano a 3 años se disparó al 4,091%, su nivel más alto en siete meses, mientras que el bono a 10 años cerró en el 4,600%, su máximo desde octubre de 2022. Los inversores extranjeros retiraron capital de forma agresiva: vendieron 3.220 contratos en futuros de bonos a 3 años y 590 en el contrato a 10 años en el día de vencimiento. La dirección es inconfundible: el capital está rotando hacia fuera de los bonos coreanos a medida que la Reserva Federal señala que podría subir las tasas nuevamente esta semana.
Lo que suele perderse en la cobertura occidental de estas cifras es el mecanismo que conecta la política monetaria estadounidense con los balances familiares coreanos. No se trata solo de que las tasas coreanas suban cuando lo hacen las estadounidenses. Se trata de que la situación de la deuda familiar de Corea crea un ciclo de retroalimentación particularmente peligroso cuando los rendimientos globales ascienden.
Las familias de las que nadie habla
La relación de deuda familiar respecto al PIB en Corea del Sur se sitúa en aproximadamente el 105%, una cifra que ha ascendido de manera constante y que ahora se encuentra entre las más altas del mundo desarrollado. Lo que hace esto particularmente frágil es la estructura de esa deuda. Una parte importante tiene tasas variables ligadas a referencias a corto plazo, lo que significa que los pagos se ajustan rápidamente cuando el banco central actúa.
Esto importa porque el Banco de Corea se encontró en una posición imposible durante el último año. Cuando la Reserva Federal comenzó su ciclo de alza de tasas, el BoK no tuvo mucha opción más que seguir el paso o ver colapsar el won. Cada aumento de tasa encareció los pagos hipotecarios para millones de familias que ya estaban muy apretujadas. Las actas de la junta de política monetaria de agosto, publicadas tras el último movimiento del mercado, revelaron que los reguladores ya habían concluido que era necesario actuar de manera preventiva para anclar las expectativas inflacionarias. Iban un paso por delante —y todavía van por detrás.
Un trader de bonos de una casa de valores coreana señaló que cuando el banco central subió las tasas por última vez en agosto, los mercados aún no estaban valorando la posibilidad de otro alza por parte de la Fed. Ahora, los datos de CME FedWatch muestran una probabilidad del 92,3% de un aumento de 25 puntos base esta semana. Para fin de año, existe una probabilidad del 75,7% de que la Fed haya subido las tasas dos o tres veces más. La trayectoria es clara, y son los hogares coreanos los que están pagando la cuenta.
Quiénes ganan y quiénes pierden
Los ganadores en este escenario son evidentes: los inversores extranjeros que anticiparon la salida de los bonos coreanos y los ahorradores nacionales que por fin ven rendimientos reales positivos sobre los depósitos tras años de tasas cercanas a cero. Los perdedores son más difíciles de categorizar, pero mucho más trascendentales.
Los hogares coreanos con hipotecas de tasa variable enfrentan ahora incrementos mensuales en sus pagos que se acumulan con cada decisión de la Fed. Para una familia que contrató un préstamo cuando las tasas estaban cerca de cero, un salto de 2% a 4,5% en la referencia puede aumentar los pagos mensuales casi un tercio. No se trata de ajustes marginales —son cambios que rompen presupuestos para familias que ya destinan una gran parte de sus ingresos a la vivienda.
El sector bancario ocupa una posición ambigua. Las tasas más altas mejoran los márgenes de interés netos en los nuevos préstamos, pero también incrementan la probabilidad de incumplimientos en los préstamos existentes. Los bancos coreanos ya llevan una exposición significativa en hipotecas residenciales y deuda de consumo. Un ciclo prolongado de alzas de tasas convierte su problema de calidad de activos en un problema de balance.
El gobierno queda atrapado entre imperativos en competencia. Necesita tasas más altas para defender el won y mantener la inflación bajo control. Pero también depende del gasto familiar para sostener el crecimiento económico. Esos objetivos ahora van directamente en contra.
Qué ocurre después
El escenario más probable se despliega durante los próximos seis a doce meses. La Fed sube las tasas dos o tres veces más, empujando el bono del Tesoro a 10 años firmemente por encima del 5%. Los rendimientos de los bonos coreanos siguen la estela, con el bono a 10 años potencialmente probando el rango del 4,8%. El won enfrenta presión continua, limitando la capacidad del BoK para pausar o recortar tasas.
Los ratios de servicio de deuda familiar seguirán ascendiendo, apretujando el consumo. Las ventas minoristas y la demanda interna —ya mostrando señales de debilidad— enfrentarán vientos en contra adicionales. El gobierno podría intentar medidas de alivio dirigidas, pero un estímulo amplio es poco probable dadas las restricciones fiscales y las preocupaciones inflacionarias.
Un escenario más severo involucra un repunte más pronunciado de lo esperado en los rendimientos estadounidenses, impulsado por los precios del petróleo o preocupaciones fiscales, combinado con una fuga rápida de capitales de los mercados coreanos. Esto podría forzar al BoK a adoptar una postura aún más agresiva de lo actualmente anticipado, acelerando el estrés de la deuda familiar.
El resultado menos probable pero más peligroso es un shock de confianza: una pérdida repentina de apetito por los activos coreanos que dispare una crisis cambiaria y fuerce acciones de política de emergencia. Esto sigue siendo poco probable dado el sustancial historial de reservas de divisas y superávit cuenta corriente de Corea, pero no puede descartarse por completo si el apetito global por el riesgo se deteriora rápidamente.
La perspectiva general
Los números titulares del mercado de bonos de Seúl cuentan una historia familiar: mercados emergentes bajo presión por la política monetaria estadounidense. Pero la preocupación más profunda es estructural. El problema de deuda familiar de Corea precede a este ciclo de tasas y persistirá sin importar dónde fij su política la Fed. Las tasas ascendentes simplemente aceleran el momento de la verdad.
Los economistas occidentales han pasado años obsesionados con el sector inmobiliario de China y la deuda de los gobiernos locales. El problema del balance familiar coreano comparte similitudes importantes: expansión crediticia rápida, dependencia de deuda a tasa variable y un viento demográfico en contra que limita el crecimiento a largo plazo; pero recibe mucha menos atención. Ese descuido se volverá más costoso si persiste el entorno actual de tasas.
Los traders de bonos y gestores de fondos que siguen el cruce won-yen o el diferencial Corea-EE.UU. están observando los números correctos. También deberían estar atentos a lo que ocurra con los datos de consumo familiar en los próximos trimestres. Ahí es donde se escribirá la verdadera historia.