world 6 min de lectura

La ofensiva diplomática de Irán insinúa un arreglo sobre Hormuz

Catar, Omán y Pakistán se acercan a Teherán en una coordinada carrera diplomática por el estrecho de Hormuz. Lo que revela su presencia conjunta sobre la posición real de Irán de cara a un acuerdo.

  • relaciones EE. UU.-China
  • WTI
  • Irán
  • petróleo
  • Omán
  • diplomacia
  • Pakistán

Una convergencia en Teherán

Tres potencias regionales comparecieron en Irán en el lapso de cuarenta y ocho horas. Esto no es una coincidencia.

El primer ministro de Qatar, jeque Mohammed bin Abdulrahman, llegó a Teherán el jueves. El jefe del ejército pakistaní, Asim Munir, se había reunido con el presidente Masoud Pezeshkian y con el Consejo Supremo de Seguridad Nacional el día anterior. El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, ya se encontraba en la ciudad conversando sobre el estrecho de Hormuz con su homólogo Abbas Araghchi.

Cada visita cumplía un propósito distinto. Pero, en conjunto, forman un patrón —y ese patrón revela dónde reside la verdadera oportunidad.

El punto de estrangulamiento energético del Golfo es el botín. Irán ha cerrado efectivamente el estrecho de Hormuz desde principios de marzo, desplomando el tráfico marítimo que antes transportaba más de una quinta parte de los suministros globales de petróleo y gas. El cierre ha sumido a los mercados energéticos en una crisis. Y ese es exactamente el punto de presión que todos los mediadores entienden que debe abordarse primero.

El precedente omaní

El desarrollo más relevante surgió de las charlas irano-omaníes del martes. El viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, anunció que ambos países habían acordado una ruta de navegación temporal. Los buques ingresarían por aguas iraníes, pero Irán retendría el control parcial sobre las rutas de salida. Esto representa un quiebre respecto al statu quo previo a la guerra, cuando el tránsito por el estrecho era desimpedido.

También es la señal más clara hasta ahora de que Irán está dispuesto a negociar —y de hacerlo a través de un mecanismo que le otorga palanca. Teherán ha dejado sus condiciones explícitas: el estrecho no se reabrirá por completo hasta que Estados Unidos levante las sanciones y desbloquee los activos iraníes.

Omán está gestionando este arreglo en particular desde hace semanas. Su participación es deliberada. El país comparte una frontera marítima con Irán y cuenta con una larga tradición de mediación discreta. Pero el interés de Omán va más allá de la neutralidad: tiene una participación directa en mantener abierto el estrecho. Un cierre prolongado desestabilizaría económicamente al Golfo, y la economía costera de Omán depende del comercio marítimo.

El retorno de Qatar

La visita del jeque Mohammed constituye la segunda fase de esta iniciativa diplomática. Qatar desempeñó un papel fundamental para asegurar el memorandum de entendimiento de junio que pausó brevemente las hostilidades. Ese acuerdo ya expiró. Qatar regresa ahora no como iniciador, sino como consolidador —buscando crear las condiciones que hagan posible el diálogo entre Washington y Teherán.

Qatar siempre ha comprendido el valor de albergar conversaciones que nadie más puede. Su relación tanto con Irán como con Estados Unidos es inusual. Aloja activos militares estadounidenses mientras mantiene vínculos estrechos con Teherán. Esta doble posición lo convierte en el canal preferido para la diplomacia por canales discretos en la región.

Pero la influencia de Qatar tiene límites. No puede garantizar que ningún acuerdo alcanzado en Teherán sobreviva a la dinámica política en Washington. Donald Trump declaró esta semana a Al Jazeera que «no tiene prisa» por reanudar las conversaciones. La administración ha desplazado su estrategia hacia la presión económica en lugar de la escalada militar, anunciando el lunes nuevas sanciones contra más de sesenta individuos y organizaciones en los sectores de activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.

El cálculo pakistaní

La visita de Munir es la señal más ambigua. La relación de Pakistán con Irán es compleja. Ambos países han mantenido vínculos funcionales a pesar de alianzas distintas —Pakistán se inclina hacia Estados Unidos, mientras que Irán ve a Washington con profunda desconfianza. Rezaei, el recientemente nombrado secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, habría dicho durante esa reunión a Munir que Irán «desconfía de Estados Unidos».

No obstante, Pakistán tiene razones estratégicas para participar. Un conflicto prolongado en su frontera occidental amenaza la estabilidad regional y podría derramarse a la propia provincia de Beluchistán de Pakistán. Islamabad también se beneficia de los suministros energéticos iraníes y soportaría costos significativos si Hormuz permaneciera cerrado de forma indefinida. El acceso de Munir al establishment de seguridad de Irán señala que Pakistán ve valor en ser parte de cualquier arquitectura de arreglo.

Lo que significa la coordinación

La cronología es notable. Tres mediadores, tres misiones, mandatos superpuestos. Esto no es aleatorio. Sugiere que múltiples actores en la región están percibiendo simultáneamente —y actuando en consecuencia— la posibilidad de que Irán esté preparando un viraje.

El presidente iraní, Pezeshkian, ha estado impulsando en esa dirección. La semana pasada dijo que es mejor poner fin a la guerra ahora mientras Irán permanece en una posición de poder y dignidad. Sin embargo, su autoridad está restringida. Opera bajo el líder supremo Mojtaba Khamenei, y los hardliners militares ya han acusado a su gobierno de capitulación por el acuerdo de junio.

Estados Unidos, por su parte, camina una línea paralela. El regreso del personal diplomático a sus destinos en Jordania, Israel y Omán —programado para comenzar la próxima semana— señala confianza en que el conflicto no se escalará militarmente. Las embajadas en Arabia Saudita, Qatar y Líbano operarán con capacidad reducida, mientras que las de Irak, Kuwait y Bahréin permanecen limitadas al setenta y cinco por ciento. Estos no son los movimientos de un país que se prepara para una escalada. Son los movimientos de un país que se posiciona para una salida.

El bargán de Hormuz

Esto es lo que revela la diplomacia coordinada: Irán busca una salida que preserve su dignidad y su palanca. La ruta de navegación temporal acordada con Omán proporciona exactamente eso: demuestra control sin requerir una reapertura total. Es un arreglo que salva las apariencias y que ambos bandos pueden vender en sus respectivas esferas domésticas.

La pregunta más amplia es si Washington aceptará este modelo o insistirá en un retorno a las condiciones previas a la guerra. La administración de Trump ha dejado claro que se opone al控制 iraní sobre el estrecho. Pero el nuevo régimen de sanciones sugiere que la presión económica se está utilizando como palanca en lugar de como arma de cambio de régimen —una distinción que importa.

Ali Vaez, del Grupo Internacional de Crisis, lo enmarcó con precisión: la pregunta es si se trata de una campaña de suma cero orientada a colapsar el régimen o de una palanca hacia un acuerdo. La actividad diplomática en Teherán esta semana sugiere que es lo segundo. Por ahora.

Si el eje Omán-Qatar-Pakistán puede salvar la brecha entre las concesiones iraníes y las demandas estadounidenses, el estrecho de Hormuz podría reabrirse en semanas en lugar de meses. Los mercados energéticos globales se estabilizarían. El costo financiero de la guerra comenzaría a remitir. Y los mediadores que lo lograran llevarían ese crédito a casa.

Si fallan, el estrecho permanece cerrado, las sanciones se aprietan y el riesgo de cálculo erróneo crece. La próxima jugada corresponde a Teherán —y a Washington.